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Marruecos
Marruecos: Crónica de una ocupación
Tras la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898, España se embarca en una nueva aventura colonial. Esta vez al otro lado del Estrecho de Gibraltar donde, tras el señuelo de una misión civilizadora y pacificadora, se inicia en 1912 una apasionante etapa de nuestra historia, un episodio repleto de luces y sombras que culminará con la independencia de Marruecos en 1956.
Antes de que los españoles llegaran al norte de Marruecos, los rifeños sobrevivían con una economía de autosubsistencia a la que en gran parte ayudaba la emigración temporal hacia Argelia o el éxodo hacia las zonas más desarrollas del país. La explotación de los recursos agrícolas, ganaderos y pesqueros apenas cubría las necesidades de la población, que necesitaba importar productos, especialmente cereales, para asegurar su ya limitada alimentación.
Antes de que los españoles llegaran al norte de Marruecos, los rifeños sobrevivían con una economía de autosubsistencia a la que en gran parte ayudaba la emigración temporal hacia Argelia o el éxodo hacia las zonas más desarrollas del país. La explotación de los recursos agrícolas, ganaderos y pesqueros apenas cubría las necesidades de la población, que necesitaba importar productos, especialmente cereales, para asegurar su ya limitada alimentación.
La entrada de los españoles se produjo de forma repentina, provocando un cambio en la estructura política y social del territorio regido por el nuevo ordenamiento colonial hispano. Los marroquíes se enrolaron en las fuerzas militares y policiales al servicio del Jalifa (representante del Sultán) y en las tropas coloniales, los llamados “Regulares”. También se involucraron en la que sería la gran transformación urbanística y de infraestructuras de la zona.
¿Para que sirvió el Protectorado?
El Protectorado español potenció, según distintos historiadores, una “modesta monetarización de la economía rifeña” y el surgimiento de un moderno proletariado. Una relación intensa entre colonizador y colonizado que vivió sus momentos más duros durante las crisis alimentarias a comienzos de los años cuarenta, cuando apareció el carácter abusivo de la administración colonial, o en la escalonada retirada del territorio.
Pero si comenzamos por las razones que llevaron a España a desplazarse hasta el norte de África, autores como Eloy Martín Corrales, profesor titular de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, rechaza que los sectores más reaccionarios y conservadores, como el Ejército, empujaran al país a una nueva aventura colonial tras la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898. La presencia española en el territorio marroquí concluyó con la independencia de Marruecos en 1956, a la que se sumarían otras cuatro colonias africanas más durante los siguientes veinte años: Tarfaya, en 1958, Guinea en el 68, Ifni en 1969 y, finalmente, el Sahara en 1975.
Cuba desvió la mirada hacia Marruecos
Martín Corrales explica que, ya a mediados del siglo XIX, España comenzó a ser consciente de la inevitable pérdida de la isla de Cuba, especialmente tras la Guerra de los Diez Años (1868-1878), y se empezó a prestar mayor atención al Golfo de Guinea, la costa sahariana y al propio Marruecos. Otros analistas, como el escritor y diplomático Alfonso de la Serna, señalan la expansión de Francia en territorio marroquí y el peligro de estar flanqueados por el norte y por el sur por una potencia tan arrolladora como la gala, como el detonante del sueño africano español.
Al remontarnos al comienzo de las relaciones bilaterales hispano-marroquíes aparece el Tratado de Paz, Comercio, Navegación y Pesca de 1767 que provocó un fuerte aumento del comercio entre ambos países hasta 1830. En esa intensa relación que empezó a fraguarse, se llegó incluso a acuñar moneda marroquí en Cádiz, y técnicos, militares y aventureros se involucraron en la vida del sultanato.
Enfrentamientos marroquíes
Eloy Corrales señala la fecha de 1830 como un momento de ruptura, ya que, a pesar de que un grupo de españoles siguió desempeñando un papel de relevancia en puestos claves del país vecino, el comercio sufrió la prohibición española de importación de trigo extranjero. Al mismo tiempo, la enemistad se maceró en enfrentamientos territoriales por el hostigamiento marroquí a los presidios españoles en el litoral marroquí (Ceuta, Melilla, Peñón de Vélez y Alhucemas). España estaba políticamente dividida (absolutistas contra liberales, moderados contra progresistas, guerras carlistas) y empobrecida, a la vez que perdía importancia internacional.
Visita nuestro especial de Marruecos
© Texto: Carla Fibla
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