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Arabia

Nómadas en el desierto

Beduinos

En la península Arábiga se extiende uno de los desiertos más inhóspitos de la Tierra, el Rub al-Jali. A mediados del siglo pasado, el explorador británico Wilfred Thesiger lo atravesó en compañía de cuatro beduinos. Pese al hambre, la sed y las altas temperaturas, reconoció haber vivido aquí los días más felices de su vida.

Desde hace días no ha probado bocado y apenas ha ingerido agua. Las provisiones casi se han agotado. Aun así, no deja de repetirse que si estuviera en Londres, sólo ansiaría hallarse aquí, donde ahora está: en el desierto más inhóspito de la Tierra, situado en el corazón de la península Arábiga. En caso de que le sorprendiera la muerte, sus compatriotas británicos conservarían en la memoria el nombre de Wilfred Thesiger, pero sus compañeros árabes le recordarían como Mbarak, el Bendito.

Estamos en diciembre de 1946 y el explorador e historiador británico ha logrado atravesar de sur a norte, sin apenas  medios, este inhóspito yermo. A sus 36 años, está a punto de culminar su aventura. Ha llegado hambriento al otro extremo del mar de arena que las gentes denominan Rub al-Jali, que significa Cuarto Vacío.

Han pasado más de dos semanas desde que Thesiger partió de un oasis cercano a Omán y dejó atrás el extremo sur del desierto. Dos de sus acompañantes son beduinos de la estirpe de Rashid. Estas gentes deambulan en verano con sus familias por la periferia del desierto, y en invierno todavía encuentran tierras adentro, en la zona de dunas, algunos pastos donde poder apacentar a sus manadas de dromedarios. Su leche constituye el único alimento durante semanas.

Travesía por las arenas desérticas de Arabia

Sólo dos europeos han conseguido concluir con éxito la travesía por el mundo desolado de arena y piedra: el británico Bertram Thomas en 1931-1932 y, poco tiempo después, el capitán Harry St John Philby. Ambos perseguían la aventura y la gloria, el primero de ellos, además, un vida placentera: “Quiero ser el primero en atravesar el desierto, y sacar provecho de ello durante el resto de mi vida”, había manifestado antes de acometer su hazaña.

Desde el punto de vista europeo resulta inconcebible que el hombre pueda establecer su residencia permanente en semejante paraje. El agente del servicio de inteligencia inglés Thomas Edward Lawrence, conocido como Lawrence de Arabia, que dirigió la revuelta árabe contra los turcos otomanos antes de concluir la Primera Guerra Mundial , definió la existencia de los beduinos como algo parecido a “la muerte en vida”.

Pero Thesiger busca precisamente este tipo de vida. Esta tierra atroz y las gentes que la habitan ejercen sobre él “una atracción como ninguna otra región de las zonas templadas”. Desea comprender el modo de vida de los beduinos, fascinado por su aparente falta de necesidades, su sobriedad, su existencia en medio del gran vacío. En total son cinco años los que el británico viaja por el sur de Arabia acompañado por los nómadas. Y en dos ocasiones (1946 y 1947-48) éstos le guían por una ruta en diagonal  a través de las “grandes extensiones de arena”. Al cabo de este tiempo debe de haber recorrido más de 10. 000 kilómetros a lomos de camello.

En diciembre de 1946, el itinerario que eligieron Thesiger y los cuatro beduinos para dirigirse hacia Dhafara, la región situada en la actual frontera entre Arabia Saudí y el emirato de Abu Dhabi, tiene una longitud de unos 500 kilómetros. Sus provisiones son: 50 libras de harina, un poco de mantequilla, dos puñados de maíz, café, té, azúcar, algunas cebollas secas y cuatro odres fabricados con piel de cabra llenos de agua. Unas veces van a pie, otras a lomos de sus camellos. El guía, Muhammad al-Auf dice haber atravesado ya el desierto una vez, en solitario.

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