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Conservación

Gigantes de la sabana

Gigantes de la sabana

Rinoceronte, león, elefante, búfalo y leopardo forman el “club” de los big five, los cinco grandes trofeos de caza, los más difíciles de abatir, los gigantes de la sabana. En el siglo XX, alguna especie estuvo a punto de desaparecer. De cara al futuro, temor y esperanza asoman por el horizonte.

Algunos miembros del legendario “club de los cinco” se salvaron por los pelos. Todo comienza hace 150 años, en el siglo XIX, cuando los colonos crean las primeras “reservas” en África Oriental para limitar la caza “alimenticia” propiciada por los locales. Estos espacios protegidos atraen a los “viejos fusiles” europeos de la época victoriana. De esta forma nace el mito del gran cazador blanco, inmortalizado por Ernest Hemingway en Las verdes colinas de África (1935) y Las nieves del Kilimanjaro (1936). En 1953, Hollywood se sube al tren, llevando a la gran pantalla la última obra mencionada. La fauna africana paga el precio de las matanzas “deportivas”. En el periodo de 1860 a 1930, cada año se ejecutan entre 25.000 y 100.000 elefantes; la población de rinocerontes y leones queda diezmada. Hacia 1930, las autoridades crean los primeros parques nacionales, donde queda prohibida la caza. Las bajas continúan y se adopta una moratoria total en 1973. Pero no surte el efecto deseado: las décadas setenta y ochenta son el período de las guerras del marfil, el tráfico de los cuernos de rinoceronte y la piel de los leopardos... ¿Los big five? Son aniquilados a gran escala. En algunos casos rozan la extinción. En Tanzania, la población de elefantes se reduce en un 80 por ciento. Durante los años ochenta, estados y asociaciones luchan desesperadamente por recuperar las especies. Países como Kenia tienen prohibida por completo la caza en sus territorios. En la actualidad, el futuro de los grandes animales de África todavía está en manos del hombre.

Rinoceronte blanco

RINOCERONTE NEGRO: un milagro
Ha sido blanco constante de los furtivos por su cuerno. Existe una venta masiva en China, debido a las virtudes medicinales del asta, y en Yemen, donde se usa para fabricar puñales. Durante los años ochenta, la Unión Mundial para la Naturaleza (IUCN) calificó la especie como “en peligro”, y en 1996 “en peligro crítico”. Las medidas de urgencia dieron sus frutos. En 2004, la World Wide Fund for Nature (WWF) estimó que la población de rinocerontes negros en estado salvaje era de 3.600 ejemplares.

León

LEÓN: un rey demasiado frágil

Hoy en día es difícil ver al rey de la sabana fuera de las zonas protegidas. Incluido en la categoría de animales “vulnerables” por la Unión Mundial para la Naturaleza, su majestad corre cierto riesgo de extinción. Hace cuatro años, los investigadores de la African Wildlife Foundation estimaron su población en 23.000 ejemplares, frente a los cerca de 100.000 de hace 20 años. La mitad de los leones se reparten en cinco zonas: las Reservas de Selous (Tanzania) y Serengeti-Masai Mara (Tanzania y Kenia), el Parque Kruger (Sudáfrica), Zambia y Botswana. En África Occidental, diezmados y aislados, disminuyen incluso en las reservas.

Búfalo

BÚFALO: tranquilo

La población de este bóvido africano parece estar a salvo. Sus cifras se mantienen estables, pese a que de vez en cuando sufren bajas por enfermedades que les transmiten los animales domésticos. Su caza está reglamentada en ciertas reservas. El negocio es bastante lucrativo teniendo en cuenta que los amantes de los cuernos y las “sensaciones fuertes” deben pagar unos mil dólares diarios por un safari de una semana, además de una tasa por “trofeo”, que en algunos países asciende a 1.500 dólares por cabeza (de búfalo).

Leopardo

LEOPARDO: ser esquivo le protege

Es difícil de ver porque vive siempre escondido, hasta el punto de que nadie puede dar cifras fiables sobre la población real del misterioso felino. No obstante, los científicos están de acuerdo en que este carnívoro nocturno no corre peligro de extinción. Es tan fuerte que puede subir a un árbol el cadáver de un antílope para “protegerlo” de otros depredadores. Su caza también está reglamentada. En 2007, el gobierno tanzano decidió subir la tasa por “trofeo” de 2.500 a 12.000 dólares.

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