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Primates
La presión social hace que las madres cuiden mejor a sus hijos
Cuando la prole de los macacos Rhesus empieza a dar la lata, la madre reacciona enseguida. Al menos cuando hay congéneres cerca: de lo contrario, podrían reaccionar violentamente.
Todas las madres del mundo han vivido la siguiente situación: mientras se encuentran en la caja del supermercado esperando a paga, los pequeños se encuentran con un despliegue colorido de seductores chucherías. El niño pide que le compre algo, pero la madre se resiste porque "no es comida sana". El niño, demasiado pequeño para escuchar argumentos, empieza a rebelarse y todo termina en una rabieta. Los otros clientes de la fila miran al niño y a la madre con gestos de desaprobación. ¿Y ahora qué? La madre teme que los otros adultos la consideren una mala madre.
Al parecer, los primates viven situaciones parecidas. Por ejemplo, los macacos Rhesus (Macaca mulatta): Viven en pequeños grupos y muestran un marcado comportamiento social. Cuando las madres hacen caso omiso a los gritos de los peques, los congéneres adultos a veces reaccionan propinándoles golpes y mordeduras. Así lo ha observado el equipo de investigación del primatólogo Stuart Semple, de la Universidad londinense de Roehampton. Durante cuatro meses anotaron las interacciones sociales de un grupo salvaje de macacos Rhesus de Puerto Rico.
El miedo a las agresiones hace que los primates presten atención
El resultado: las madres prestaron atención a los gritos de los primates pequeños en hasta el 50% de los casos si estaban solas o en compañía de parientes cercanos. Sin embargo, el comportamiento cambió cuando los espectadores eran conocidos por su agresividad o individuos que ocupaban un rango más alto en la jerarquía: entonces, las madres atendieron a la prole en el 80% de los casos.
La razón: las madres saben que si un bebé pierde los estribos crece la probabilidad de que los congéneres agresivos las peguen o muerdan. Según Semple, los agresores generalmente se sienten molestados por los gritos del pequeño. Sin embargo, los ataques pueden dirigirse al mismo tiempo contra la madre y la cría.
Ya se sabía que, por regla general, las madres se dejan influir por la presencia de congéneres. Si, por ejemplo, el bebé se acerca a un individuo conocido como "matón", las madres empiezan a rascarse demostrando nerviosismo y alejan la cría tan rápido como les es posible. Quizás lo más interesante es que los primatólogos han observado que la presión social hace que las hembras presten más atención a los primates pequeños. ¡Será cuestión de supervivencia !
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