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Océanos

Consecuencias del calentamiento global sobre el océano

Zonas muertas del Océano

Los vertidos tóxicos, los hidrocarburos y el cambio climático ya han matado 245.000 kilómetros cuadrados de océano. La falta de oxígenos en las profundidades del mar está provocando la desaparición de cientos de especies.

Es complicado imaginar un escenario en el que determinadas zonas de la Tierra se quedaran sin oxígeno. Sería dramático que, a consecuencia de la contaminación y los vertidos tóxicos, el aire vital fuera ascendiendo a capas más altas de la atmósfera, como huyendo de los vertidos, dejando sin oxígeno a los seres humanos. Es precisamente un hecho muy similar lo que, según algunos estudios, está ocurriendo en determinadas zonas de los mares y océanos, en las que el oxígeno está dejando de existir y, por lo tanto, también están desapareciendo especies.

Oxígeno en el mar

Uno de los lugares que podrían estar en peligro son las profundidades abisales, que albergan una gran cantidad de biodiversidad que se concentra alrededor de las casi 100.000 montañas submarinas en todo el mundo que llegan a medir hasta 1.000 metros de altura. De hecho, según cifras de Greenpeace, se estima que entre 500.000 y 10 millones de especies viven en las profundidades abisales y la mayoría de ellas no han sido clasificadas.

En este sentido, Joan Bautista Company, experto del departamento de recursos Marinos Renovables del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona, no teme por la supervivencia de la vida en estas zonas. “Incluso en los volcanes submarinos, donde existen erupciones y temperaturas superiores a los 200 grados acompañadas de gases tóxicos existen animales adaptados a ese ambiente”, afirma. “Además, hay una gran diversidad de vida que todavía desconocemos”.

Contaminación

245.000 kilómetros cuadrados de tragedia

Estas zonas desprovistas de vida son las llamadas ‘zonas muertas’, en las cuales las únicas formas de vida son las de determinados microorganismos. Es un fenómeno que se viene produciendo desde hace un siglo, pero nuestro ritmo de vida y de consumo ha hecho que desde los años 60, el número de zonas muertas haya crecido de manera exponencial. De hecho, entre 1995 y 2007, la cantidad de zonas sin aire en los mares y océanos ha aumentado un tercio y los científicos se esperan lo peor: es probable que el fenómeno crezca a consecuencia del cambio climático.

El estudio ha sido realizado por el Instituto de Ciencias Marinas de la Universidad de Virginia y ha sido publicado en la prestigiosa revista ‘Science’ y revela que ya son 405 zonas muertas detectadas en todo el globo, lo que supone una extensión de más de 245.000 kilómetros cuadrados –más o menos la mitad de España–. Este fenómeno ocurre en las áreas más productivas para el pescado, el cangrejo o el mejillón, y ya se han reducido las capturas de varias especies en el Mar Negro y casi todas las bahías de Japón, dicen diferentes expertos. Aunque el caso más catastrófico continúa siendo el Mar Báltico, donde la hipoxia –la caída de los niveles de oxígeno disuelto– permanente ha dado lugar a la anoxia –ausencia total de oxígeno– en vastas extensiones. Según el estudio de Díaz, el Báltico ya ha perdido un 30% de la energía de su cadena alimentaria. “Si se eliminasen las zonas muertas, el Báltico sería entre un 33% y 50% más productivo, por eso hay que seguir trabajando para minimizar la llegada de nutrientes al mar".

Recursos marinos: problemas ambientales

Aguas negras

Según Robert Diaz, el principal responsable del estudio, la hipoxia es uno de los mayores problemas ambientales en la actualidad. “No existe otra variable de tanta importancia ecológica para los ecosistemas marinos costeros que haya cambiado tan drásticamente y en tan poco tiempo como el oxígeno disuelto”, ha escrito Díaz, que ha realizado la investigación junto a Rutger Rosenber, de la Universidad de Gotemburgo (Suecia). La principal causa, según los investigadores, es el incesante incremento de uso de fertilizantes agrícolas y de combustibles fósiles, que liberan grandes cantidades de fosfatos y nitratos que llegan hasta el mar a través de los ríos.

Este fenómeno favorece la eutrofización de las aguas, es decir, esas sustancias fertilizan y nutren a las algas microscópicas, lo cual aumenta descontroladamente su crecimiento y población. Cuando las algas mueren caen al fondo donde las bacterias, para descomponer esa comida, deben recurrir al consumo excesivo del oxígeno circundante, con lo cual van eliminando el aire para el resto de especies. Las consecuencias son terribles: o bien mueren o bien se van trasladando a otro tipo de aguas, lo cual afecta a las especies que ya estaban allí, ya que deben compartir alimento y oxígeno. Por si fuera poco, el agua dulce tapona las aguas pobres en oxígeno de más abajo y evita que se mezclen.

La situación en España

Contaminación del aire

Pero la situación no parece ser tan dramática como la pintan. De hecho, Joan Bautista Company no es tan alarmista. “El concepto de muerto en la naturaleza es muy fuerte. Siempre hay peces vivos y, si no los hay, se encuentran bacterias, algas, líquenes… Y no hemos detectado cambios sustanciales, ni siquiera en el Mediterráneo”.

Y es que en España, de momento, apenas se ha registrado el problema. El oceanógrafo español Carlos Duarte , en declaraciones a un periódico español, decía que “se ha detectado en algunas rías gallegas, como en la de Pontevedra, que es recurrente por la cercana industria de la celulosa, o en la de La Coruña”. Según Duarte, el verdadero problema es su nivel de crecimiento. Un 5%, que se prevé empeore debido al calentamiento del mar, ya que cuanto más caliente está el agua, más aumenta el consumo de oxígeno de los organismos marinos y baja tanto la solubilidad del oxígeno como el intercambio con la atmósfera.

El hecho es que, según Greenpeace, las especies abisales “son excepcionalmente vulnerables a la extinción por sobrepesca por varios motivos: viven en ambientes que raramente sufren alteraciones, tienden a tener un crecimiento lento, presentan una maduración tardía y suelen ser especies endémicas (se encuentran sólo en ciertas áreas y en ningún otro sitio)”. Por si fuera poco, el 98 % de las especies del océano vive en estrecha relación con el fondo del mar: unas viven dentro del sedimento, otras se desarrollan fijas o deambulando sobre el fondo y otras nadando por encima de él. Por eso, las zonas muertas son una amenaza muy importante incluso para la supervivencia del ser humano.

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