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Entrevista
Franck Goddio: "Al emerger del mar, las piezas me maravillan"
Arqueología submarina
En 1991 comenzó a rescatar de los fondos mediterráneos tesoros sumergidos de la civilización egipcia. Hoy, Franck Goddio es uno de los arqueólogos marinos de más éxito. Más que aventurero, se considera un cirujano preciso o un detective metódico y perspicaz. Escanea los fondos marinos para hacer una incisión en la tierra justo donde yacen los vestigios antiguos, sin “herir” el entorno. Con las piezas rescatadas ya en la superficie, comienza la labor de investigador: indaga, analiza y saca conclusiones. Él y su equipo de 50 personas (egiptólogos, arqueólogos, restauradores, ceramistas, ingenieros, buceadores, marineros...) han descubierto el gran puerto de Alejandría y las ciudades egipcias antiguas de Heracleion y Canopus, engullidas por el Mediterráneo. Aunque no se considera un Indiana Jones, porque ni la imprevisión ni el azar tienen cabida en sus misiones bajo el agua, el entusiasmo con que habla de ellas delata que la suya es también una profesión llena de emociones fuertes.
–Cuando comenzó a dedicarse a la arqueología submarina, ¿se imaginaba que iba a tener tanto éxito?
–Nunca pude sospechar que descubriría tesoros tan fabulosos como las ciudades visitadas por Heródoto en el siglo V antes de Cristo o el palacio donde vivieron Marco Antonio y Cleopatra.
–¿Cómo empezó todo?
–En 1984, estaba en Egipto rescatando los restos de un buque napoleónico; entonces comencé a oír hablar de estas ciudades perdidas a miembros del Consejo Superior de Antigüedades Egipcias y algunos pescadores, que habían divisado piezas sumergidas. Con la ayuda del Comisariado de Energía Atómica de Francia, que nos ayudó a desarrollar la tecnología necesaria nos pusimos manos a la obra. Estudiamos los textos y los mapas antiguos, hicimos prospecciones electrónicas y geofísicas y finalmente en 1991, decidimos empezar a “operar” los fondos submarinos.
–Desde un punto de vista histórico, ¿cuál es la importancia de sus hallazgos?
–Hemos encontrado las ciudades de Heracleion, Canopus y el Portus Magnus de Alejandría, en la costa egipcia. Los tres lugares desaparecieron bajo el mar después de una serie de terremotos y maremotos. El suelo arcilloso donde se asentaban y el tremendo peso de sus templos y monumentos hizo que el proceso de hundimiento fuera lento pero irreversible. En el siglo VIII de nuestra era, quedaron tragados por las aguas. Estos lugares estaban documentados en textos escritos por historiadores como Heródoto o Diodoro de Sicilia, pero nadie había descubierto sus ruinas. Otro ejemplo de nuestra contribución a la historia de Egipto es el rescate de una estela con una interesante inscripción que resolvía un enigma de hace 2.000 años. Cuando en el siglo I antes de Cristo el geógrafo Estrabón visitó la ciudad de Heracleion, escribió que la gente hablaba de una urbe desaparecida cerca de allí: Thonis. La incógnita sobre esta supuesta villa permaneció sin resolver hasta que rescatamos la estela, donde se puede leer que Heracleion y Thonis eran los nombres griego y egipcio de la misma ciudad.
–En mayo usted retoma las misiones arqueológicas en el litoral egipcio, ¿quedan aún muchas piezas por recobrar?
–Hay trabajo para siglos. Únicamente hemos sacado a la luz el uno o dos por ciento de estas ciudades. Heracleion tenía una superficie 2,5 veces superior a la de Pompeya y tanto Canopus como el gran puerto de Alejandría ocupaban aproximadamente unas 600 hectáreas cada uno.
–Debe de ser apasionante verse cara a cara con objetos que llevan siglos enterradas en el silencio submarino.
–Es un momento emocionante. En el fondo del mar la visibilidad es muy deficiente, el campo de visión es de pocos centímetros y la mayoría de los objetos están sucios y “envejecidos” por el agua y los años. Uno los descubre y ha de emplear la imaginación para reconocer sus formas; pero cuando emergen a la superficie, maravillan a todos.
–¿Qué descubrimiento le gustaría hacer en sus próximas misiones?
–Estoy expectante por sacar a la luz una estatua de Atenea de bronce de la que hemos encontrado únicamente el remate del casco. Está fechada en el siglo IV antes de Cristo y por las dimensiones del adorno, ha de tener unos cinco metros de altura. La calidad artística del trozo desenterrado es fantástica. No existe ninguna estatua de Atenea en bronce de estas dimensiones, así que si logramos detectarla estaremos ante un hallazgo de envergadura, una auténtica maravilla.
Imágenes sobre Franck Goddio:
© Christopher Gerigk, José Barea, María Luisa Fuentes
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