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Andorra: los retos de un país amable

Andorra y el campo

Un pequeño país que esconde mil mundos. Así es, si así os parece, Andorra. O por lo menos, así es mi Andorra. Hay tantas Andorras como visitantes. O como estados de ánimo.

Cuando siento el impulso de desenfundar la tarjeta de crédito, Andorra es el paraíso de las compras y me ofrece la mayor concentración de productos, tiendas y boutiques especializadas en casi todo. Moda, complementos, equipamiento deportivo, alimentación, bebidas, electrónica, música, tecnología, ocio, arte, libros, salud, hogar, joyería, perfumerías, en Andorra hay de todo un poco, como en botica, y hasta las farmacias tienen un punto de interés, porque este pequeño país se ha hecho grande gracias al poder de convocatoria del comercio. Pasear, contemplar, seleccionar y comprar con plena satisfacción, gracias a unos horarios muy amplios y flexibles, que no cierran los fines de semana.

Cuando necesito una ración extra de cultura, en Andorra encuentro fácilmente una propuesta interesante. Andorra es un país esencialmente musical, y programa con profusión conciertos de jazz, flamenco, música moderna, country, bailes folclóricos, exhibiciones de danza. Como principales hitos destaco el Festival de Música Clásica de Ordino, en septiembre, y la temporada de música y danza de Andorra la Vella, de noviembre a mayo. Ni qué decir tiene que son encantadoras sus fiestas mayores, donde puedo contemplar muestras del folclore andorrano, como la Marratxa, el Contrapàs, el baile de Santa Anna y también la Sardana.

Andorra: cara a cara con la naturaleza

Pero hay un tiempo en que necesito perderme por el paisaje para encontrarme cara a cara con la naturaleza, y aquí Andorra me ofrece una gran variedad de parques naturales, de los cuales destaco por su belleza el Valle del Madriu, declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

Claro que otros días me gusta enfrentarme con la naturaleza como reto deportivo, y además de sus extraordinarias estaciones de esquí alpino y nórdico, que son difícilmente inigualables, cuando se clausura la temporada de nieve, prefiero empezar a caminar por sus rutas de senderismo, de corto y largo recorrido, con acogedores refugios de montaña, o practicar un sinfín de actividades al aire libre.

Centro de aguas termales más grande de Europa

Y el agua. El agua está presente en Andorra, en sus muchos lagos de montaña, algunos bellísimos. También me regala un manantial de salud, gracias a las fuentes termales de Escaldes–Engordany, ricas en azufre, y muy recomendables para recuperar la vitalidad, liberarme del estrés y tratar y prevenir el reumatismo o las enfermedades de la piel. Y por supuesto, no me resisto a invertir unas horas de mi tiempo para convertirlas en salud, en Caldea, el centro termolúdico más grande del sur de Europa.

El campo en Andorra

Con el ejercicio, el clima y la vida sana, es fácil que en Andorra se despierte el apetito y se estimulen los sentidos. Recorriendo las típicas bordas, saboreo algunos platos típicamente de la zona, el trinxat, la escudella, la ensalada de mollejas, de queso o bacalao, la espalda de cordero con setas, el bacalao a la andorrana; los higos con nata, las cocas de canal, la carne a la losa… el churrasco andorrano con denominación de origen, la escudella en invierno, las setas o la trucha en temporada, los embutidos típicos como la donja, la secallona o la bringuera.

Y sobre todo, los vinos. Andorra es climatológicamente una excepcional bodega, y en el Principado he tenido la suerte de saborear los mejores vinos del mundo, franceses y españoles.

Como postre, nada mejor que la vida contemplativa. Y para ello, un paseo por los centros de la cultura, que hay mucho y bueno: el Centro de Interpretación del Románico, o la Casa-Museo de Areny-Plandolit que destaca por lo espectacular de la casa, su contenido y su historia... y tantos otros.

Si a todo esto se le añade una oferta hostelera amplia, acogedora, y excelente, sobre todo en su formidable relación calidad-precio, Andorra es, definitivamente, un país irresistible. La leyenda cuenta que Carlomagno fundó Andorra en el año 805, en reconocimiento a la ayuda prestada por sus habitantes contra los sarracenos... Más de 1.200 años después, este pequeño país continúa siendo un extraordinario foco de atención. Gracias, Carlomagno.

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