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Nicaragua

Nicaragua mira al futuro

Volcán San Cristóbal

Sandinistas, contras, guerra civil: todo eso pertenece al ayer. Hace tiempo que han vuelto la tranquilidad y la paz, y el pequeño país centroamericano espera la llegada de los turistas. Hay mucho para descubrir: hospitalidad auténtica, bonitas ciudades coloniales, playas solitarias. Y una naturaleza grandiosa.

 Era verano, hacía calor y Veiman Jiménez descendió al cráter con un grupo de turistas europeos cuando la vieja bruja Chacitutique se enfureció. Hace un instante, los caminantes se habían asomado al borde del cráter del volcán Masaya, mirando asombrados sus fauces de 180 metros de profundidad, cuando allá abajo el suelo empezó a retumbar.

Como palomitas de maíz saltando en la sartén

Al instante, el guía evocó la imagen de unos granos de maíz que, convirtiéndose en palomitas, explotan en una sartén saltando hacia todos los lados: exactamente así, cuenta con énfasis, era cómo las rocas eran lanzadas del cráter. Las mayores, de más de cien kilos de peso, zumbaban -sssss- por el aire y cayeron con estruendo -fump- sobre el aparcamiento, agujereando el asfalto. Otras más pequeñas penetraron -popp- el capó de un coche de alquiler; las más ligeras volaron hasta donde estaba Veiman Jiménez. En cuestión de segundos, la hierba alrededor de él estaba en llamas, pues las piedras del fondo del cráter tenían una temperatura de mil grados centígrados. La tienda de recuerdos sufría un auténtico bombardeo, y los turistas huyeron presos del pánico.

La erupción del Masaya, de 635 metros de altitud, sólo duró unos segundos y ocurrió hace más de siete años, pero desde aquel lunes de abril de 2001, Veiman Jiménez aconseja a los visitantes que aparquen al revés para que puedan huir mejor si erupciona el volcán.

Sin esta advertencia, uno no sentiría ni el menor rastro de peligro aquí arriba. Es más apasionante la panorámica de la fértil llanura, con lagos que parecen incrustados como brillantes joyas y detrás, el cono del volcán Mombacho con un collar de nubes blancas.

Venta ambulante

Una cruz en la garganta del infierno

Chacitutique ya moraba en el cráter del Masaya cuando América aún no sabía nada de la existencia de los europeos. Cuando la bruja empezaba a lanzar rocas, cuenta Veiman Jiménez, los indios chorotega tiraron vírgenes al abismo para aplacarla. Los cristianos bautizaron el volcán como "Boca del Infierno" y erigieron una cruz para impedir que se escapara el diablo. Este, en consecuencia, envenenó el aire con aliento de azufre y chamuscó el país alrededor del volcán. En las noches sin luna se puede observar el brillo naranja de la lava del fondo del cráter. Al guía le gusta contar historias de terror, pero las peores se las calla normalmente. Por ejemplo la de que, hace unos 30 años, el dictador Anastasio Somoza ordenó que tiraran a varios opositores al mineral líquido del fondo del cráter; y esto sólo es un episodio de la cruel historia de Nicaragua.

–Pero no queremos asustar a los visitantes con el pasado, ahora que por fin vuelven a nuestro país –dice Jiménez.

 Nicaragua tiene nuevas esperanzas. Después de la revolución y la guerra civil por fin reina la tranquilidad. Hoy, el país figura entre los destinos más seguros de Centroamérica.

Bahía de San Juan del Sur

Y ha descubierto un capital que durante todos estos años se consideraba sin valor: la hermosura de la naturaleza, las playas y las ciudades coloniales. Después del somozismo y el sandinismo, del socialismo y el capitalismo, ahora el turismo es el encargado de lograr que Nicaragua salga para adelante.

 Ley seca durante las elecciones

Las condiciones son propicias. El país se puede explorar con el coche de alquiler a través de carreteras en buen estado, y los primeros turoperadores lo han incluido en sus ofertas. En muchas ciudades, además de hostales baratos para mochileros, abren pequeños hoteles elegantes de estándar europeo.

Por la tarde, una fuerte tormenta se acerca a Granada: las nubes llegan del Lago de Nicaragua, el mayor de Centroamérica y uno de los más bellos cuando hace buen tiempo. En las copas de los árboles del Parque Central, loros y periquitos gritan sin que los transeúntes les presten la menor atención. En el mercado de la ciudad, los comerciantes recogen sus mercancías deprisa, cubren las mesas con lonas de plástico encima de las que colocan piedras para que el viento no las levante. Cuando caen las primeras gotas de lluvia, los hombres se refugian en una „pulpería“, una de las muchas tienditas que hay en cualquier esquina. Algunas no son más que una sala de estar, como la pulpería La Esquinita, donde un carpintero poco motivado ha puesto una barra inclinada en la que se apilan los cartones de chicle y cigarrillos. En un taburete junto a la entrada se ha sentado Sergio, un joven de rostro inteligente, que echa amablemente a los bebedores que aparecen delante de la tienda:

Playas desiertas

–Hoy no hay cerveza, ustedes lo saben perfectamente.

Hay elecciones comunales, no se puede vender alcohol en ninguna parte del país. ¿Ganará la izquierda, los sandinistas?

–Jamás –grita Sergio–. Aquí en Granada no pintan nada.

Su español oscila como si las palabras subieran y bajaran un pentagrama: los “nicas” cantan cuando hablan.

–Granada siempre ha sido conservadora –explica Sergio, aludiendo a la rivalidad entre Granada y León, la ciudad norteña tradicionalmente liberal y a veces revolucionaria. Es un conflicto que refleja la historia nicaragüense, una eterna lucha entre conservadores y progresistas. Las dos últimas rondas comenzaron con la revolución sandinista que barrió en 1978 al dictador Somoza y su régimen; después, el nuevo gobierno de izquierdas se enfrentó a una cruenta guerra civil con los contras, apoyados por Estados Unidos. Finalmente, los sandinistas perdieron las elecciones de 1990, ya que el pueblo estaba indignado porque se habían servido de las arcas del Estado. Desde entonces, vuelven a gobernar los conservadores (y ahora nuevamente los conservadores)

Sergio estudia medicina en la capital Managua, a unos 50 kilómetros de distancia. Sólo viene a Granada los fines de semana para trabajar en la pulpería. Sueña con un futuro en el norte, en Estados Unidos.

–En Granada un médico no gana lo suficientemente como para vivir –dice, y sus manos se mueven como mariposas mientras habla.

Aguadores

Su vecino, cuenta, es ingeniero y vende bolsas de agua a los conductores en un semáforo.

–Todos quieren irse del país.

O al menos aquellos que estudian y tienen metas en la vida.

–Los demás se dejan llevar por el viento y van a dónde señale la nariz.

Magnífica Granada

Después del chaparrón, las calles comienzan a llenarse de vida al ritmo lento y constante de América Latina. Sergio enciende la luz de neón que ilumina la entrada de la tienda con un brillo verdoso. Granada, de casi 500 años de edad, es considerada la más magnífica ciudad colonial del país aunque amplias partes se destruyeron en 1856 en un incendio provocado por mercenarios estadounidenses. Pero antes: ¡qué riquezas legendarias, qué esplendor! Aquí se embarcaban el oro y la plata que los españoles sacaron de las minas de América: desde aquí, las galeras atravesaron el lago de Nicaragua, seguían al Caribe por el río San Juan y finalmente cruzaron el Atlántico.

Palacios de colores pastel

Ahora los restantes palacios se pintan de nuevo con colores pastel, y en los patios, propietarios a menudo extranjeros abren cafés y restaurantes donde uno puede pasar las tardes soñando. La vieja Granada se abre y descubre un nuevo temperamento, relajado y con ganas de disfrutar de la vida. Tres músicos caminan en dirección al centro, las guitarras colgadas del hombro, y desde las calles laterales llegan unas muchachas con tacones altos, maquilladas y peinadas a la perfección. Sergio silba y ellas ni lo miran.

Playa del La Flor

–Malditas fresas –murmura el joven.

Fresas es como aquí llaman a las pijas, chicas que no tienen el menor interés en un estudiante pobre como Sergio. Ofrece café. ¿Un buen café nicaragüense recién hecho?

–Claro –dice y saca un sobrecito, echa el polvo en una taza y vierte agua caliente.

 Quien quiera disfrutar de un buen café puede viajar a Selva Negra donde Mausi Hayn. Hay que dirigirse al norte por la Panamericana, a las tierras altas de Matagalpa. Durante la guerra civil uno corría un riesgo mortal si lo hacía sin escolta. Hoy, en las curvas sólo esperan niños que alzan iguanas tan largas como un brazo, ofreciéndolas para la compra: la sopa de iguana es una especialidad de la región. Junto a una tanqueta sandinista quemada y pintada de colores, se gira a la derecha tomando el desvío hacia "Selva Negra", el hotel de Mausi Hayn, situado en plena plantación de café. No es ella la que inventó el nombre, eran inmigrantes alemanes del siglo XIX los que descubrieron aquí arriba una curiosa variedad tropical de su bosque natal: amplias montañas cubiertas por abetos azulados y temperaturas casi nórdicas en comparación con las del resto del país. La meseta se considera “tierra fría“ porque las temperaturas apenas suben por encima de los 25 grados.

En el "Selva Negra" hay un café como Dios manda, aunque Mausi toma demasiado mientras cuenta la historia de la finca en inglés, español y alemán. Su familia pertenecía a aquellos inmigrantes alemanes que dominaron el cultivo de café alrededor de Matagalpa hace más de cien años. Hoy, Mausi Hayn lleva la plantación de forma ecológica, las matas de café medran a la sombra de viejos árboles selváticos. Desde la plantación hay senderos que se adentran en la espesura verde, uno de los últimos bosques de niebla del país: un bosque mágico con flores ave del paraíso, helechos y árboles gigantescos con largas barbas de musgos y líquenes.

Arte en la calle

León rebosa de vida

En ningún otro lugar, Nicaragua ofrece tanta abundancia de especies: orquídeas, ocelotes, pumas, osos perezosos e incluso el quetzal, un ave tan magnífica como rara. Cuanto más los caminantes penetran en la selva menos sonidos se escuchan, hasta que el musgo incluso se traga el sonido de los pasos y el silencio rodea al forastero como en una nevada noche de la Selva Negra alemana.

Describiendo amplios meandros, la carretera desciende de las tierras altas y se convierte en una recta de asfalto que corta el infinito y sudoroso verde de la llanura del noroeste. En cien kilómetros sólo nos encontramos con tres autobuses de largo recorrido, pintados de colores y medio vacíos, y una docena de camiones pick-up. Pero León, la ciudad universitaria, vibra de vida. La gigantesca catedral de color crema, la basílica de la Asunción, atrae todas las miradas. Se dice que la construcción duró cien años, una mezcla entre barroco colonial y neoclasicismo europeo. Dice la leyenda que si la mayor iglesia de América Central ha sobrevivido tantos terremotos es porque los constructores, a falta de cemento, recurrieron a la clara de huevos de tortuga. Caminando por León se descubren docenas de otras iglesias, algunas poco llamativas, otras grandiosas, incluso en comparación con la poderosa basílica.

Un país lleno de poetas

Detrás de la catedral se encuentra el edificio del mercado, que ocupa toda una manzana; es un laberinto de callejuelas, puestos y mercancías: queso frito, caña de azúcar pelada, imágenes de Jesucristo, relojes de cuco fabricados en China, peluquerías, chiringuitos de comida, un predicador con micrófono, desgastadas revistas de moda de Estados Unidos,

Playa de Penitas

papayas, plátanos, pastelitos rellenos de piña. Las vendedoras están agazapadas entre sus surtidos como camaleones; sólo se les ve cuando mueven la cabeza (¿qué busca, amigo?). Wilfredo López está sentado en la barra de un chiringuito y bebe un batido de chocolate; incluso un revolucionario cultiva los vicios burgueses. En los años sesenta, López vivió en Cuba, y en su tienduca de libros cerca de la Universidad cuelgan retratos de Fidel Castro y Che Guevara. También hay amarillentos libros de poesía de la (PRIMERA) época sandinista, aquel tiempo cuando el comandante Daniel Ortega afirmaba que “a cada nicaragüense hay que considerarlo poeta hasta que se demuestre lo contrario.”

López presenta un programa de radio llamado „Bandera de la libertad“, cada día saluda con euforia la „heroica ciudad de León”. Pero el viejo activista se ha vuelto solitario: también aquí, en el antiguo centro de la revolución sandinista, los murales de propaganda política van perdiendo los colores, y en el monumento a los Héroes de la Revolución se extinguió la llama eterna. Es como si con el colapso de los sandinistas hubieran desaparecido todas las visiones. Ahora las elecciones las gana el que promete arreglar los baches de las calles.

–Este pueblo permanece alegre en su tristeza y triste en su alegría –dice Wilfredo López.

15 años de Gobierno conservador han allanado el camino para un nuevo intento de avivar el país económicamente: gracias al turismo. En el extremo sur es donde más se ha desarrollado, alrededor de San Juan del Sur en la costa pacífica. Primero eran mochileros y surfistas los que descubrieron esta playa ancha de arenas negras, enmarcada por farallones y bendecida con fantásticas puestas de sol. La aldea pesquera no tardó en llenarse de restaurantes y hostales sencillos.

 Mientras, se ha construido un gran número de mansiones en las colinas detrás de la aldea. El pequeño puerto comercial se ha cerrado, ahora son yates de doce metros de largo los que anclan frente a la costa. La región se ha convertido en la costa de oro de Nicaragua. En las calles se ven muchos estadounidenses, el móvil pegado a la oreja, que compran todos los terrenos que ofrece el mercado. La razón por la que acuden a San Juan del Sur se entiende cuando se alquila un barco, deja la tranquila bahía y se dirige al sur, hacia Costa Rica.

Tortugas en la playa de la Flor

La playa de las tortugas

Aquí, cada día se puede descubrir otra playa donde los cocos ruedan sobre un arenal desierto: Playa El Remanso, Playa Tamarito, Playa Hermosa, Playa Las Tablas. En el mar anclan las coloridas chalupas de los pescadores de langostas. Después de dos horas, el barco alcanza la playa de las tortugas. Shaya Honarvar está sentada en la arena; es una joven estadounidense de padres iraníes de los que heredó el cabello negro como el azabache y los ojos oscuros. Shaya es de Philadelphia y trabaja aquí, en el Refugio de Vida Silvestre La Flor, en su tesis de licenciatura sobre el comportamiento de desove de las tortugas. Entre julio y enero, decenas de miles de estos reptiles de cien kilos de peso llegan a la playa para enterrar sus huevos en la arena. Pero Shaya apenas logra trabajar: fue amenazada, detenida por un policía borracho y una vez hasta le tiraron huevos. Huevos de tortuga. Cada mañana, cuando los animales han vuelto al agua, surgen unos tipos harapientos del matorral y excavan los huevos, que son considerados un manjar y además, afrodisíacos. Tres guardas deben impedir que esto ocurra, y de vez en cuando detienen a unos cuantos furtivos para fingir un poco de actividad. Pero esto hiere el sentido de los negocios de los ladrones de huevos.

–Los guardas nos pegaron –se queja el cabecilla–. Y eso que los pagamos cada día para que nos dejen excavar.

Dentro de ocho años las tortugas habrán desaparecido, teme Shaya mientras toma un pastel de manzana con helado de vainilla en la vecina playa de El Coco. El hotel pertenece a un austríaco; en la colina detrás se han asentado alemanes, italianos y holandeses que buscaron un lugar alejado del mundo, un clima suave y vistas al mar entre palmeras. Shaya quiere volver el año que viene para la temporada del desove, aunque los ladrones de huevos se vuelven cada vez más agresivos y los guardas del parque natural, cada vez más pasivos. Ella se ríe y extiende los brazos:

–Nicaragua sencillamente tiene las puestas de sol más bonitas del mundo.

 Informaciones sobre Nicaragua

Playas solitarias, selvas, volcanes, ciudades coloniales: Nicaragua ofrece mucha diversidad en un espacio reducido

Cómo llegar: Desde Europa, las compañías aéreas Iberia, Air France y Lufthansa ofrecen vuelos a Managua, la capital del país. Pasaportes como Latin Airflex o All America Airpass permiten que uno se desplace cómodamente por la región.

Salud: Es aconsejable el profilaxis contra la malaria, además de los habituales preparativos para el trópico.

Moneda: Córdoba (NIO). El euro, tanto billetes como cheques de viaje, apenas se acepta.

Diferencia horaria: 12 horas en Managua = 19 horas en Madrid

Prefijo telefónico: 00505

Temporada para viajar: los mejores meses son octubre y noviembre, cuando el paisaje está verde e incluso las carreteras apartadas se pueden recorrer. En abril hace mucho calor.

Seguridad: Nicaragua se considera un país seguro para viajeros.

¿A dónde ir en Nicaragua?

San Juan del Sur: esta aldea de pescadores en la costa pacífica tiene las mejores playas para hacer surf y buenos lugares para pescar

Hotel Piedras y Olas: la casa más bonita en muchos kilómetros a la redonda, situada a una manzana y media de la iglesia parroquial. http://www.piedrasyolas.com/

Hotel Playa el Coco: Un conjunto de ensueño, situado en una playa tranquila a 18 kilómetros al sur. http://www.playaelcoco.com.ni/

León y Granada: hay dos cosas que unen estas ciudades coloniales: una larga cadena de volcanes activos y una vieja rivalidad sobre cuál es la ciudad más bonita.

León:

Hotel El Convento. Alojamiento encantador en un antiguo convento junto a la iglesia de San Francisco http://www.hotelelconvento.com.ni/

Hotel Austria. Dueño austríaco, situación céntrica, a una manzana al sur de la catedral http://www.hotelaustria.com.ni/

Granada:

Hotel Colonial: Romántico, pequeña piscina, buen servicio. Al norte del Parque Central, en la calle de la Libertad http://www.nicaragua-vacations.com/

Restaurante Mediterráneo: Cocina española, donde destaca el gazpacho. El Caimito, una manzana y media en dirección al lago

Casa de los tres mundos: Proyecto cultural internacional, iniciado por el actor Dietmar Schönherr y el predicador revolucionario Ernesto Cardenal. Ofrece un amplio programa cultural. Antigua Casa de Los Leones. http://www.c3mundos.org/

Tierras altas del norte. A medida que uno se acerca a la frontera con Honduras, la infraestructura se hace más escasa. Desde la finca "Selva Negra" se pueden explorar la selva y la plantación de café del mismo nombre.

Hotel de Montaña y Cabañas Selva Negra: Clásico hotel de montaña. Kilómetro 140 de la carretera Matagalpa–Jinotega. Entrada junto a la tanqueta destruida. http://www.selvanegra.com/

Lago de Nicaragua. En la isla de Ometepe hay dos volcanes, uno de ellos, activo. Los viajeros suelen hablar de un "lugar mágico“.

Hotel Ometepetl: el hotel tiene un alquiler de coches con buenos vehículos todo terreno. Se encuentra en la carretera principal enfrente del embarcadero del ferry de Moyogalpa

Río San Juan. Junto al río existen resorts de selva que ofrecen caminatas y recorridos en barco. Se toma un vuelo desde Managua a San Carlos, y desde allí, el barco hasta el Sabalos Lodge. Las cabañas se llaman “Tarzán“, „Guapote" o „Aventura“ y cuentan con mosquiteras encima de todas las camas. http://www.sabaloslodge.com/

Costa atlántica. La costa este del país está escasamente poblada. El lugar más popular son las caribeñas Corn Islands.

Hotel Casa Iguana, Little Corn Island: En su publicidad destaca que no hay coches ni teléfonos ni estrellas de cine ni cócteles con sombrillitas ni preocupaciones. Resort de cabañas. http://www.casaiguana.net/

 En cuatro por cuatro

Landcruiser Tours. El estadounidense Lawrence Goodlive ofrece relajados recorridos con su Toyota Landcruiser. Tel. 895-52 44 http://www.ricanica.com/

Más datos

¡Sólo alquilen coches con tracción cuatro por cuatro. Camino de los volcanes hay trayectos empinados y resbaladizos. Una buena oferta: http://www.budget.com/

Pregunte en la pulpería: en estas tiendas siempre encuentra ayuda, no importa que se haya perdido o que sólo quiere comprar un refresco. Planee bien su viaje: los puestos en los vuelos domésticos y en los ferrys pueden escasear, se recomienda reservar a tiempo. Llegue al check-in cuanto antes, incluso un billete confirmado no le garantiza un asiento

Existen dos buenas guías en inglés: Moon Handbooks Nicaragua y Footprint Nicaragua Handbook.

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