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Turismo en la ciudad de Cuenca
Dice la leyenda que, allá por el año 1177, un pastor conocido como Martín Alhaja, hizo entrar a los cristianos en Cuenca tras la aparición de la virgen, por la Puerta de San Juan. De esta historia no ha quedado más que las habladurías y el boca a boca que la convirtió en leyenda; sin embargo, Cuenca guarda en sus calles y sus edificios toda la belleza de las mil culturas que han pasado por ella.
Moriscos, cristianos, celtíberos… Desde los edificios, puentes y puertas hasta las propias hoces han conservado el encanto y la historia de esta ciudad castellano manchega. Y es que el propio entorno natural ha jugado un papel muy importante en el desarrollo de la ciudad.
Las hoces protegen la ciudad
Las hoces del Huécar y el Júcar hacen de Cuenca una especie de fortaleza natural, tan sólo vulnerable por la zona alta de la ciudad. Desde los ríos , según subes por las callejuelas que te adentran en el casco viejo, compruebas el ingenio de los antiguos pobladores quienes aprovecharon este montículo entre los dos cañones para crear su remanso de paz y fundar Cuenca.
Pero claro, llegó un momento en la historia, antes del S XV, en el que tuvieron que solventar un problema arquitectónico natural: los acantilados de las propias hoces. La solución: las casas colgadas, ¡nunca las casas colgantes!. Actualmente sólo quedan tres casas en pie, aunque antiguamente toda la fachada a la hoz del Huécar estaba llena de ellas. Hoy por hoy, estos edificios pertenecen al Museo de Arte Abstracto Español y a la cocina de un mesón.
San Mateo en Cuenca
En realidad la historia es bastante diferente a la explicada en la leyenda. Exactamente el 21 de septiembre de ese año 1177, tras un largo asedio a la ciudad por parte de los cristianos de Alfonso VIII, los moriscos debieron rendirse. Y esa es la razón por la que la fiesta de San Mateo, el 21 de septiembre de cada año, es una de las fiestas grandes conquenses.
En la actualidad, el día 20 de septiembre se traslada el pendón de Alfonso VIII de la Catedral a las casas consistoriales, emulando el asedio cristiano a los árabes. El día siguiente, dicho estandarte medieval hace el camino inverso, volviendo a la catedral, donde reside los restantes 364 días del año. El motivo: según la tradición, la catedral fue el primer edificio levantado tras la conquista.
Hasta aquí la tradición medieval. Por otro lado, desde hace varios siglos, se suelta durante la celebración de las fiestas la vaquilla enmaromada (una vaquilla de pequeño tamaño sujeta por los cuernos con una soga y guiada por los maromeros), además del desfile de las peñas en honor a San Mateo, fuegos artificiales y un largo etecétera de festejos de distinta índole.
Y visto lo visto ¿todavía no has estado en Cuenca? Si no te ha quedado claro, acércate y descubre por qué la UNESCO decidió nombrarla Ciudad Patrimonio de la Humanidad en 1966.
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© Javier Flores Murillo
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