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Vía Verde de las Vegas del Guadiana y las Villuercas
En mitad de Extremadura, el antiguo ferrocarril entre Villanueva de la Serena y Logrosán, esta Vía Verde es la manera perfecta de conocer la comarca. Sus 56 kilómetros y su escaso desnivel la hacen ideal para todos los públicos.
Tras salir de Villanueva de la Serena, ciudad que toma el nombre por la propia comarca de la Serena, donde está enclavada, se llega a Don Benito, una de las ciudades más importantes de la zona. Poco después del paso por la ciudad, nos adentramos en la Zona Especial de Protección de Aves (ZEPA) en la que, incluso los más despistados, podrán observar cigüeñas, grullas y garcillas por doquier en la época del año adecuada.
En mitad de la Vía Verde encontramos varios cambios de paisajes a lo largo del camino. En primer lugar, tras el paso del Guadiana a apenas siete kilómetros de nuestra partida, encontramos la frontera entre Badajoz y Cáceres
. Y es justo allí, alrededor del kilómetro 19, donde pasamos de la llanura típica extremeña, yerma de montes, a un terreno ligeramente más montañoso. Poco después se abren ante nuestros ojos los arrozales de Madrigalejo, para luego cruzar el embalse de Sierra Brava, donde abundan las garcillas bueyeras, fochas o grullas.
La ruta de 56 kilómetros termina enclavándose en el monte, a su paso por las vegas del río Ruecas, la dehesa del monte, y la serranía poco antes de llegar a Logrosán. Aunque por ahora la ruta ciclista tiene poco más de 50 kilómetros, está previsto que se amplíe hasta Guadalupe y su famoso monasterio, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993.
Historia
Como en muchas otras vías verdes, la minería fue el detonante de la creación de nuevas vías férreas que finalmente acabarían en desuso. Desde el año 1865 existía el paso de ferrocarriles desde Madrid y Ciudad Real hacia Badajoz, aunque sólo la empresa MZA operaba en la zona. Sin embargo, la explotación de las minas de fosfatos de Logrosán supuso el desarrollo de estos nuevos caminos ferroviarios a partir de 1917.
El mineral que se extraía de este enclave situado a unos 50 kilómetros de Villanueva de la Serena, el fosfato tricálcico resultó ser un fantástico fertilizante agrícola, y las minas de Logrosán una de las zonas más prolíficas. Hasta el cierre de la mina en 1956, se extrajeron de sus pozos hasta el 50% de la producción total de este compuesto en España.
Logrosán no fue el final de la vía, que terminó su construcción en 1950, sino que se decidió unir con el ferrocarril Madrid-Cáceres-Portugal en la toledana ciudad de Talavera de la Reina. Sin embargo, el informe del Banco Mundial de 1963 que recomendaba el cierre de varias líneas férreas supuso un mazazo para este tramo, que quedó avocado al desuso hasta que se convirtiera en una de las principales vías verdes de Extremadura.
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© Javier Flores Murillo
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