Una abeja prospera gracias a la intervención humana

Después de siglos de impacto humano en los ecosistemas del mundo, un estudio de la Universidad de Flinders, en Australia, detalla un ejemplo de cómo una especie de abejas endémicas común ha prosperado en determinados lugares debido a su intervención.

Homalictus fijiensis, abeja común de las tierras bajas de Fiji. Foto: James Dorey, Flinders University
Homalictus fijiensis, abeja común de las tierras bajas de Fiji. Foto: James Dorey, Flinders University

Una investigación dirigida por la Universidad de Flinders, en Australia, y aparecida en la revista Molecula Ecology ha descubierto una conexión entre el aumento de Homalictus fijiensis, una abeja que es común en las tierras bajas de Fiji, y la intervención del ser humano.

Estas abejas bien conocidas por sus colores y como polinizadoras de plantas juegan un papel crucial en el mantenimiento de los ecosistemas locales. Y lo hacen distribuyendo polen y ayudando en el crecimiento de las plantas. Este nuevo estudio propone que su existencia en algunos lugares puede deberse a la intervención humana, y que el mundo actual puede haber parecido muy diferente si los humanos no se hubieran apoderado de su hábitat.

Las abejas Homalictus fijiensis solo habitan en las tierras bajas de Fiji desde hace miles de años, pero alrededor del año 1.000 a C, los humanos entraron en su hábitat y comenzaron a limpiar la tierra y a traer nuevas semillas y plantas a la zona. Eso parece haberles ayudado, ya que a éstas les encanta anidar en tierra clara y abierta.

“Realmente, parece haberse beneficiado de la llegada de los seres humanos y la posterior limpieza de tierras en Fiji”

El autor principal del estudio James Dorey, investigador de la Universidad de Flinders, declaró en un comunicado que, esta especie que poliniza muchas especies vegetales, “realmente parece haberse beneficiado de la llegada de los seres humanos y la posterior limpieza de tierras en Fiji”.

Una imagen de las Islas Fiji.
Una imagen de las Islas Fiji. Foto: IStock.

Poblaciones de abejas en Fiji

Por otro lado, el equipo de James Dorey apunto que, en contra de lo ocurrido en Fiji, no percibió ningún cambio en la población de abejas en la isla de Kaadu, donde la actividad humana es menor.

Los autores del estudio también hacen hincapié en que la investigación revela cómo se puede concluir el impacto de la intrusión humana, incluso cuando no hay registros fósiles. Y es que a estas conclusiones se llegaron tras los análisis filogenéticos del ADN mitocondrial y genómico de las poblaciones de abejas indígenas de Fiji.

El profesor asociado Schwarz y autor principal del estudio dice que los estudios genéticos de poblaciones de alta resolución como éste son una buena manera de discriminar entre eventos más antiguos y "naturales", debidos al cambio climático, y aquellos resultantes de la dispersión y colonización humana temprana.

Los primeros europeos no eran conscientes de que las dispersiones humanas a gran escala habían estado cambiando las ecologías de las islas del Pacífico durante 1.000 años

Estos análisis revelaron, según explicaron los investigadores, "que las poblaciones de abejas en Fiji aumentaron en gran medida, comenzando hace unos 3.000 años y aumentando rápidamente desde hace unos 2.000 años".

Abeja polinizando una planta.
Abeja polinizando una planta. Foto: IStock.

El estudio también da una nueva comprensión más profunda de cómo el mundo de hoy se formó por las decisiones de nuestros antepasados.

Por otro lado, el doctor Stephen Zagala, investigador del Museo de Sudáfrica en Culturas del Mundo, apuntó, al respecto, que los primeros europeos no eran conscientes de que las dispersiones humanas a gran escala habían estado cambiando las ecologías de las islas del Pacífico durante 1.000 años.

Zagala destacó que esta investigación aporta detalles útiles a una imagen emergente del Pacífico como un paisaje extremadamente cultivado.

Todo ello es el resultado de casi una década de trabajo sobre la biodiversidad de Fiji realizados por científicos y estudiantes biológicos del Museo y la Universidad de Flinders.

 

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