Los cambios políticos de la antigua Europa se reflejan en la ganadería

Un proyecto europeo estudia restos de entre la Edad de Bronce y la Antigüedad tardía y concluye que la alimentación dependía, en buena parte, de decisiones políticas.

Imagen resumen que muestra la influencia de los sistemas políticos en la ganadería. / Ariadna Nieto-Espinet
Imagen resumen que muestra la influencia de los sistemas políticos en la ganadería. / Ariadna Nieto-Espinet

En la Edad del Bronce y la Antigüedad tardía (V-VI dC) cada unidad familiar o grupo de casas era fundamentalmente autosuficiente, por lo que todo el mundo tenía un poco de todo (leche, carne, piel o lana) para cubrir las diferentes necesidades. La producción se adaptaba a los pastos y recursos disponibles a escala local.

En cambio, en la segunda Edad del Hierro y, sobre todo, en época romana imperial, la producción se orientó a un mercado mediterráneo y europeo. Se produjeron grandes focos de especialización: vino en la provincia Tarraconense, aceite en la Bética o salazones de pescado en Lusitania.

Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha recopilado datos de 101 yacimientos arqueológicos del noreste de la Península, que abarcan un período de unos 1.700 años, en el que las prácticas culturales y agrícolas europeas sufrieron cambios significativos. En cada yacimiento, compararon los restos de ganado con datos sobre el medio ambiente local y las condiciones económicas y políticas del asentamiento.

Para este estudio han recopilado datos de 101 yacimientos arqueológicos del noreste de la Península, que abarcan un período de unos 1.700 años

“Nuestro estudio se basa en el análisis de los restos de fauna recuperados en los yacimientos arqueológicos. Se trata de miles de huesos y dientes de animales que fueron desechados como basura en diferentes estructuras y espacios de habitación por parte de las poblaciones humanas del pasado.

Los restos óseos aparecen normalmente muy fragmentados, muchas veces con marcas de corte y evidencias de cremación debido al cocinado”, afirma Ariadna Nieto Espinet, investigadora posdoctoral del proyecto europeo ERC-Starting Grant ZooMWestdel Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El trabajo se publica en la revista PLoS ONE.

Establecer la procedencia, dieta y especie de los restos

Para ello, los científicos tuvieron que determinar a qué especie pertenecían estos huesos, en qué edad se sacrificaron los animales, qué patrones de despiece y distribución de la carne siguieron, así como la forma y el tamaño de las diferentes especies, su procedencia geográfica y su dieta.

“Los fragmentos de huesos animales que hallamos son muy valiosos porque estas informaciones nos permiten restituir las prácticas alimentarias y la gestión ganadera de las comunidades del pasado”, continúa la investigadora.

Si la tecnología lo permite y hay mercado, se produce lo que es más rentable

El registro arqueológico revela el enorme peso que ha tenido la carne de caprino en las dietas del noroeste peninsular a lo largo de más de 2.000 años. Fue, de hecho, la principal especie ganadera consumida localmente en la mayoría de periodos prehistóricos e históricos analizados.

Asimismo, las ovejas, las cabras y las vacas adaptadas a las condiciones locales son las especies más fáciles y más sostenibles de producir en estas zonas. “El contexto actual de ganadería intensiva ha cambiado completamente el modelo productivo y el consumo de carne (centrado actualmente en cerdos y pollos), pero esto puede cambiar en el futuro, según el contexto político y económico”, argumenta Nieto Espinet.

Esta investigación demuestra que la economía determina el tamaño y la elección de las especies animales. “Lo que comemos depende, en buena parte, de decisiones políticas basadas en la optimización de la productividad y del beneficio económico. En este sentido, si la tecnología lo permite y hay mercado, se produce lo que es más rentable, no lo que está mejor adaptado a los pastos disponibles a escala local. Tenemos la información de lo que ha funcionado (y lo que no) bajo nuestros pies”, subraya la experta. 

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Mapa con la evolución de las principales especies ganaderas consumidas a lo largo de diferentes sistemas políticos, territorios y periodos históricos de Cataluña. / Ariadna Nieto Espinet

Auge y caída de la ganadería intensiva

En sistemas políticos pequeños y con una economía poco especializada cada población adaptó la cría de animales a las condiciones ecológicas de su zona. Este es el caso de la Edad del Bronce, la primera Edad del Hierro y la Antigüedad tardía. “Vemos que en las zonas más lluviosas hay más vacas, las zonas más secas tienen más ovejas y cabras, y las zonas intermedias tienen un poco de todo”, asevera.

En cambio, durante la segunda Edad del Hierro y, sobre todo, en época imperial romana, aumentó el tamaño de los territorios políticos y la producción se orientó al mercado Mediterráneo y europeo. “Esto tuvo un fuerte impacto en la ganadería: durante el Imperio Romano aumentó la producción de vacas, cerdos y gallinas, y que el tamaño de las reses se incrementó en un 30 % respecto a las de la primera Edad del Hierro. Este mayor tamaño es comparable al de algunas reses actuales”, subraya Nieto Espinet.

Los únicos periodos de la historia donde el consumo y producción de cerdo han experimentado un crecimiento exponencial son el imperio romano y el actual sistema capitalista

Durante el Imperio Romano se produjo en un marco de construcción de grandes infraestructuras (acueductos y carreteras) y seguridad jurídica. Con su desmembramiento, la conectividad y circulación entre los diferentes territorios del imperio se vio considerablemente mermada.

En este contexto la ganadería vuelve a cambiar, las vacas son más pequeñas, la producción es a pequeña escala y cae en picado el consumo de cerdo y vuelven a predominar los caprinos.

“Uno de los aspectos más relevantes del estudio es la constatación que, los únicos periodos de la historia donde el consumo y producción de cerdo han experimentado un crecimiento exponencial son el Imperio Romano y el actual sistema capitalista”, asegura la científica.

Un modelo de ganadería insostenible

Para las investigadoras de este trabajo, la producción intensiva de cerdo a gran escala solo es posible en un mundo globalizado. Este contexto permite asumir y garantizar los grandes costes de aprovisionamiento y mantenimiento que estos sistemas ganaderos necesitan. En cambio, en los momentos de crisis económica y de colapso, las sociedades humanas adoptan estrategias ganaderas más adaptadas a su entorno.

“Los datos arqueológicos sugieren que el modelo ganadero y de consumo cárnico actual es completamente insostenible si tenemos en cuenta las características ecológicas de nuestro territorio. Si por cualquier motivo la importación de forraje cae, las grandes vacas y la producción intensiva de cerdos y pollos no lo resistirán. Las razas mejoradas de engorde rápido no están adaptadas a los pastos disponibles localmente (y mucho menos con el número de cabezas actual), por lo que se podría producir una crisis alimentaria y económica grave”, enfatiza la investigadora.

La perspectiva histórica que aporta esta investigación advierte que es necesario conservar y potenciar la ganadería extensiva con razas autóctonas. Estos animales son los que están adaptados a las condiciones ecológicas de cada zona y pueden sobrevivir, sin ser tan dependientes del comercio de larga distancia.

Es necesario conservar y potenciar la ganadería extensiva con razas autóctonas

Europa es en la actualidad el principal productor de carne del mundo, pero su ganadería intensiva es altamente dependiente de la importación de forraje, fundamentalmente soja transgénica de Brasil, EEUU y el sudeste asiático.

El modelo ganadero intensivo actual es muy dependiente del mercado global, como también lo fue el de la época romana, y esto implica un gran riesgo para animales y personas.

“Los resultados aportados por la arqueología pueden ser claves, no solo para conocer y entender la evolución de los sistemas económicos, sino también para ayudar a corregir errores. En definitiva, aportamos un análisis crítico de las consecuencias y el impacto que pueden tener determinados modelos agropecuarios, tanto para el territorio como en la vida de las personas y el ganado”, concluye Nieto Espinet.  

Proyecto ZooMWest

ZooMWest es un proyecto del European Research Council. Está dirigido y liderado íntegramente por mujeres investigadoras del CSIC-Institució Milà i Fontanals de Barcelona y coordinado con la Universidad de Oxford, Reino Unido.

Esta investigación analiza los cambios en la ganadería en diferentes períodos y zonas de Europa Occidental (Portugal, España e Italia).

El objetivo de la investigación es poder identificar cuáles han sido los factores que más han influenciado y condicionado las estrategias ganaderas y los hábitos de consumo de carne a lo largo de la historia.

Fuente: SINC

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