Consiguen reproducir un antiguo pigmento de teñido medieval que se creyó perdido

Los artistas medievales utilizaban la planta Chrozophora tinctoria para extraer un delicado tinte azul llamado folio o tornasol con el que iluminar sus manuscritos. El pigmento dejó de utilizarse hacia el siglo XVII debido al descubrimiento de nuevas sustancias de base mineral que proporcionaban colores más vivos.

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La Chrozophora tinctoria, planta de la que se obtiene el pigmento pictórico tornasol. (Melo et al., Heritage Science, 2018)
La Chrozophora tinctoria, planta de la que se obtiene el pigmento pictórico tornasol. (Melo et al., Heritage Science, 2018)

Por toda la franja mediterránea, al borde de los caminos y en los campos, crece una pequeña planta de hojas plateadas. A simple vista no parece gran cosa, pero durante la Edad Media la Chrozophora tinctoria era muy apreciada. Y no solo por sus supuestas cualidades tóxicas, sino porque de ella se extraía uno de los pigmentos más valorados entonces: el tornasol o folio, empleado por los monjes en sus abadías para iluminar sus manuscritos.

A partir del siglo XVII, con el avance de la alquimia y la aparición de nuevos tintes de base mineral, el tornasol fue cayendo en desuso hasta que prácticamente desapareció. Y con él el secreto de su composición.

Ahora, un grupo de científicos portugueses que estudiaban textos antiguos no solo la han redescubierto, sino que han sido capaces de recrearla y secuenciar la estructura química del pigmento. Y lo que han descubierto les ha dejado asombrados: su estructura es diferente a cualquier otro pigmento azul de base natural.

El compuesto químico recientemente descubierto ha sido llamado Chrozophoridin.

Un tratado del siglo XV

La clave del descubrimiento se encontraba en un tratado medieval portugués llamado El libro sobre cómo hacer todas las pinturas de colores para iluminar libros. Escrito en el siglo XV en un primigenio portugués, pero empleando fonéticamente el alfabeto hebreo, describe con detalle los materiales empleados y los pasos necesarios para crear pigmentos pictóricos. Básicamente, lo que los científicos tenían ante ellos era un libro de recetas de pintura medieval.

Ell equipo de científicos no se conformó con saber cómo se hacían los pigmentos, sino que comenzó a usar este libro para tratar de recrear los tintes descritos en él. Y no por pura diversión. Los manuscritos medievales iluminados se vuelven con el tiempo cada vez más frágiles, de ahí que si entendemos la química de los tintes empleados, se podrían encontrar formas para tratar de preservar los colores y evitar así su desaparición.

Los científicos consiguieron reproducir el pigmento tornasol a partir de las indicaciones recogidas en un antiguo tratado medieval portugués

En 2018, finalmente y después de muchos intentos siguiendo fielmente las indicaciones recogidas en el libro, los científicos consiguieron recrear el tornasol. No fue sencillo. "El libro describe hasta cuándo recolectar las frutas, que debe hacerse en julio", declaró la química Paula Nabais de la Universidad NOVA de Lisboa a Chemical and Engineering News. "Es necesario exprimir las frutas, teniendo cuidado de no romper las semillas, y luego ponerlas en el lino".

El color se extrae de la cáscara de la fruta. Si se rompe la semilla, esta contamina el pigmento, y el tinte que se consigue es de baja calidad.  Fue un trabajo laborioso: el equipo primero remojó la fruta en una solución de metanol y agua, removiéndola cuidadosamente durante dos horas. Luego, cuando el metanol se evaporó, dejó un extracto azul crudo que el equipo purificó aún más hasta que, al concentrar, mostró el apreciado pigmento azul.

Secuenciar la estructura química

Los científicos no se conformaron con reproducir exactamente el pigmento, también quisieron conocer la estructura química del compuesto.

Para ello se utilizaron un conjunto de técnicas de alta tecnología que incluían desde la espectrometría de masas a la resonancia magnética. El resultado que arrojó el estudio fue sorprendente: la estructura molecular del pigmento era diferente a la de otros pigmentos azules extraídos de plantas, como el añil y las antocianinas, otro pigmento azul que se encuentra en las bayas.

El tornasol tenía una estructura común con un cromóforo azul que se encuentra en otra planta: la hierba medicinal Mercurialis perennis, más conocida como "mercurio del perro". Con una diferencia clave: el cromóforo de la  Chrozophora tinctoria tiene una estructura glucosilada estable, lo que significa que es soluble en agua y, por lo tanto, puede transformarse en un tinte.

El descubrimiento no solo permite recrear el tinte, sino también identificarlo en otros manuscritos medievales

Este descubrimiento significa que los conservadores y los científicos no solo pueden recrear el tinte para probar sus propiedades, como su estructura y cómo reacciona al estrés ambiental con el tiempo, sino que además pueden identificarlo mejor en manuscritos medievales.

"La chrozoforidina se usaba en la antigüedad para hacer un hermoso tinte azul para pintar, y no es una antocianina, que se encuentra en muchas flores y frutas azules, ni el índigo, el tinte azul natural más estable. Resulta ser una clase de propia", escribieron los investigadores en su artículo.

"Creemos", afirman los científicos, "que no aún no se ha dicho la última palabra sobre esta increíble planta y su historia y que pronto habrá más descubrimientos".

La investigación ha sido publicada en Science Advances.

Fuente: Sciencealert.com

Referencia: Melo, M.J., Castro, R., Nabais, P. et al. The book on how to make all the colour paints for illuminating books: unravelling a Portuguese Hebrew illuminators’ manual. Herit Sci 6, 44 (2018). https://doi.org

 

 

 

 

 

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