Hacer deporte con mascarilla podría ser peligroso. ¿Quieres saber por qué?

Al incrementar la resistencia al normal desempeño del flujo de aire, respirar a través de una mascarilla mientras se realiza una actividad deportiva intensa puede resultar peligroso. Por eso es importante entender las limitaciones que su uso genera.

Mundo Geo

Practicar deporte intenso con mascarilla puede tener algunos riesgos. iStock
Practicar deporte intenso con mascarilla puede tener algunos riesgos. iStock

El coronavirus comenzó a afectar al mundo de los deportes ya en el mes de enero, cuando la Asociación de Fútbol china anunción que retrasaba el inicio de la competición. Dos meses después se supo que los Juegos Olímpicos que debían celebrarse en Tokyo se pospondrían hasta el verano de 2021. La decisión no era una cualquiera: se trataba de la primera vez en la historia de los juegos modernos que lo hacía.

Los responsables deportivos del mundo entero explorar ahora cómo conseguir retornar a las competiciones, tanto amateres como profesionales, sin que ello ponga en peligro a los deportistas. Mientras no exista una vacuna efectiva, los retos son importantes. Uno de ellos gira, sin duda, en torno a la respiración.

Mientras se practica deporte se suele respirar más rápido y más fuerte de lo normal, lo que incrementa el riesgo de contagio. Como consecuencia, algunas competiciones, como la liga de fútbol inglesa, consideran seriamente introducir las mascarillas en los campos. 

Como todos sabemos por experiencia, respirar a través de una mascarilla no es ni sencillo ni agradable. A niveles de alta competición el asunto se complica aún más, pues la cantidad de aire que necesitan los deportistas es mayor. Portar una mascarilla puede incrementar la resistencia en el normal desempeño del flujo de aire. Durante el ejercicio esta resistencia es aún mayor.

¿Qué ocurre si el dióxido de carbono queda atrapado en la máscara?

Un ejercicio moderado como es el caminar permite respirar más o menos normalmente y andar así sin dificultad. El problema aparece cuando la intensidad del ejercicio crece y la necesidad de aire se incrementa hasta niveles de 40 a 100 litros por minuto. Cuando hacermos ejercicio intenso, nuestros músculos producen ácido láctico, que es el causante de esa sensación de "quemazón". Posteriormente es convertido en dióxido de carbono (CO2) y luego exhalado. ¿Qué ocurre si ese dióxido de carbono queda atrapado en la máscara? Si pasamos de un ejercicio moderado a uno intenso, lo que ocurrirá es que volveremos a respirar dióxido de carbono, lo que podría reducir la función cognitiva y obligarnos a intensificar el ritmo de las respiraciones.

Al mismo tiempo, lógicamente, al haber menos oxígeno en el aire reciclado, el efecto sería similar a si estuviésemos haciendo deporte en altitudes elevadas. Por eso es importante entender las limitaciones que tiene hacer ejercicio llevando una máscara.

La cuestión no es para tomarla a broma. El canal de noticias australiano dio a conocer la notica de dos jóvenes en China que murieron en la misma semana tras realizar pruebas de educación física mientras llevaban puesta la máscara. Las autopsias todavía no han sido hechas públicas, por lo que es imposible determinar si tuvieron algo que ver en la muerte de los jóvenes.

Con ello, la pregunta está en el aire: ¿es seguro realizar ejercicio con máscara mientras dure la pandemia? Un proveedor de equipos de esgrima se acercó a la Universidad de Hertfordshire y formuló esta misma pregunta.

En la cinta de correr

Para lograr comprender el problema, la psicóloga deportiva Lindsay Bottoms experimentó en carne propia el problema. Corrió sobre una cinta a una velocidad de 10 km/h durante tres minutos. Intenta así reproducir la intensidad y duración de un combate. Y lo hizo con todo el equipo puesto, con y sin máscara bajo su máscara de protección usada en esgrima. 

Al mismo tiempo, llevaba un analizador de gases portátil que adaptó para medir la concentración de gases que respiraba con cada exhalación. 

Los niveles de dióxido de carbono cuando se hace esgrima con mascarilla ascienden al 3%. Lo normal es estar por debajo del 1%. iStock
Los niveles de dióxido de carbono cuando se hace esgrima con mascarilla ascienden al 3%. Lo normal es estar por debajo del 1%. iStock

La concentración de oxígeno en el aire es del 21 % a nivel del mar. Cuando se corre sobre una cinta solo con la máscara de esgrima puesta, la concentración es del 19,5 %, lo que equivaldría a ejercitarse a unos 600 metro de altitud.

Pero si lo hacía llevando puesta la mascarilla debajo de la máscara de protección, el nivel se desplomaba hasta el 17 %, o lo que es lo mismo, como ejercitarse ¡a 1.500 metros de altitud! Cualquier descenso en la concentración de oxígeno, bien por un ejercicio más prolongado o más intenso, podría tener efectos similares a los síntomas de la enfermedad de altitud como dolor de cabeza o mareos.

Los niveles de dióxido de carbono cuando se hace esgrima con la máscara de protección no suelen alcanzar el 1 %. Cuando se incluye la mascarilla ascienden al 3 %

En el aire hay niveles insignificantes de dióxido de carbono. Cuando se hace ejercicio con la máscara de esgrima puesta estos permanecen prácticamente por debajo del 1 %. Sin embargo, con la mascarilla, estos ascienden hasta el 3%.

Las regulaciones que vigilan la seguridad en el trabajo advierten que los empleados no deberían estar expuestos nunca a más del 1,5 % de dióxido de carbono durante más de 15 minutos.

La esgrima ha formado parte de los Juegos Olímpicos desde 1896 y es el único deporte de todos los que compiten que incluye una máscara mientras se práctica. Por eso, antes de realizar recomendaciones sobre si llevar o no una mascarilla, sería importante realizar más estudios sobre distintas personas y explorar cómo les afecta los elevados niveles de dióxido de carbono y los bajos niveles de oxígeno durante el ejercicio.

El resultado a buen seguro que será muy similar para cualquier otra disciplina de competición.

Fuente: The Conversation / Science Alert

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