Los koalas, unos aliados inesperados en la lucha contra la clamidia

Los humanos no somos los únicos que podemos sufrir enfermedades de transmisión sexual. Otros animales también las sufren. Los koalas podrían ofrecernos la clave para encontrar una vacuna.

Mundo Geo

La clamidia es la infección de transmisión sexual más común en todo el mundo. En el caso de los koalas, sus estragos son extremos. iStock
La clamidia es la infección de transmisión sexual más común en todo el mundo. En el caso de los koalas, sus estragos son extremos. iStock

Los humanos no tienen el monopolio de las infecciones de transmisión sexual. Las ostras contraen herpes; los conejos, sífilis, y los delfines desarrollan verrugas genitales. Pero la clamidia (una bacteria unicelular muy simple que actúa como un virus) ha sido particularmente exitosa, ya que infecta a todo tipo de animales, desde ranas hasta peces y periquitos. La clamidia, podría decirse, nos une a todos.

Es precisamente este hecho, tal y como recoge Rachel E. Gross en un artículo para The New York Times, el que ha llevado a algunos científicos a argumentar que en el estudio, y la salvación, de los koalas puede encontrarse la clave para desarrollar una cura perdurable para los humanos.

“Están ahí fuera, tienen la enfermedad y podemos darles una vacuna; podemos observar lo que hace la vacuna en condiciones reales”, explicó Peter Timms, un microbiólogo de la Universidad de Sunshine Coast en Queensland al NTY. Timms ha pasado la última década desarrollando una vacuna contra esta enfermedad de los marsupiales, y ahora lleva a cabo ensayos en animales silvestres con la esperanza de que su fórmula logre pronto una mayor difusión. “Podemos hacer algo con ellos que nunca se podría hacer con humanos”, afirmó Timms.

Los estragaos de la enfermedad en los koalas son extremos. Los animales aúllan de dolor al orinar y desarrollan un olor delatador

En los koalas, los estragos de la enfermedad son extremos. Provocan una inflamación grave, quistes masivos y cicatrices en el tracto reproductivo. En los peores casos, los animales aúllan de dolor al orinar y desarrollan el olor delatador. Pero la bacteria responsable sigue siendo notablemente similar a la humana, gracias al diminuto y altamente conservado genoma de la clamidia: solo tiene 900 genes activos, mucho menos que la mayoría de las bacterias infecciosas.

Debido a estas similitudes, los ensayos de vacunas que Timms realiza pueden ofrecer pistas valiosas para los investigadores de todo el mundo que trabajan en una vacuna para humanos.

Un enemigo invisible

La clamidia es la infección de transmisión sexual más común en todo el mundo. Cada año se reportan 131 millones de casos nuevos. Solo en Estados Unidos se piensa que uno de cada diez adolescentes sexualmente activos está infectado. En España, es la única infección que tiene mayoritariamente «rostro de mujer». Según los datos del estudio del Instituto Carlos III, el mayor número de casos se produjo en mujeres (52,1%) con una edad media en el momento del diagnóstico de 24 años.

La clamidia es la infección de transmisión sexual más común en todo el mundo. Cada año se reportan 131 millones de casos nuevos

Esta infección no suele dar síntomas y, a medio plazo, puede producir problemas ginecológicos y de fertilidad. Se puede evitar utilizando preservativos en las relaciones. Las comunidades con las tasas de incidencia más altas son Cataluña (68,55), País Vasco (43,18), Navarra (39,63) y Madrid (24,79).

Y aunque tenemos antibióticos, no son suficientes para resolver el problema, ya que la clamidia es un “organismo invisible” que produce pocos síntomas y a menudo pasa inadvertido durante años.

La naturaleza invisible de la enfermedad (el nombre significa “manto en forma de capa”) se debe a su ciclo de vida de dos etapas. Comienza como un cuerpo elemental, una estructura parecida a una espora que se cuela en las células y se esconde del sistema inmunitario del cuerpo. Una vez dentro, se envuelve en una membrana, secuestra la maquinaria de la célula huésped y comienza a producir copias de sí misma. Estas copias salen de la célula o se liberan en el torrente sanguíneo para continuar su viaje.

“Es bastante única en ese sentido”, ha declarado Ken Beagley, profesor de inmunología de la Universidad Tecnológica de Queensland y antiguo colega de Timms. “Ha evolucionado para sobrevivir increíblemente bien en un nicho particular, no mata a su huésped y el daño que causa ocurre durante bastante tiempo”, agregó el profesor.

La bacteria no mata al huesped pero puede causar daños irreparables en el aparato reproductivo e infertilidad

La bacteria puede permanecer en el tracto genital durante meses o años, lo que causa estragos en la reproducción. La cicatrización y la inflamación crónica pueden causar infertilidad, un embarazo ectópico o la enfermedad inflamatoria pélvica. Cada vez hay más pruebas de que la clamidia también perjudica la fertilidad masculina: Beagley ha descubierto que la bacteria daña el esperma y podría provocar anomalías en el nacimiento.

Los investigadores que trabajan con ambas especies señalan que la bacteria del koala luce sorprendentemente similar a la versión humana. La principal diferencia es la gravedad: en estos marsupiales, asciende rápidamente por el tracto urogenital y puede saltar de los órganos reproductivos a la vejiga gracias a su proximidad anatómica.

Estos paralelos han llevado a Timms a argumentar que los koalas podrían servir como un “eslabón perdido” en la búsqueda de la vacuna humana. “Es más que simplemente un extravagante animal modelo”, dijo. “De hecho, es muy útil para los estudios en humanos”.

Una enfermedad de siglos

Nadie sabe cómo ni cuándo estos animales contrajeron clamidia por primera vez, pero la maldición parece tener siglos de antigüedad.

A finales del siglo XIX, el naturalista australiano Ellis Troughton observó que el “pintoresco y adorable koala” también era particularmente susceptible a las enfermedades. Los animales sufrían de una afección ocular similar a la conjuntivitis, a la que culpó de las oleadas de muertes de los marsupiales en la última década del siglo XIX y la primera del siglo XX.

Al mismo tiempo, el anatomista J. P. Hill descubrió que las ejemplares de Queensland y Nueva Gales del Sur solían tener una gran cantidad de quistes en los ovarios y el útero. Muchos científicos modernos ahora creen que es probable que esas animales padecieran del mismo flagelo: la clamidia.

En la actualidad, los koalas tienen aún más de qué preocuparse. Los perros, los conductores descuidados y, recientemente, los incendios forestales desenfrenados han reducido su población a tal grado que los grupos conservacionistas están pidiendo que los koalas sean incluidos en la lista de especies en peligro de extinción.

El 40% de las muertes de koalas en Australia se debe a esta enfermedad. Le siguen los automóviles y los perros

Pero la clamidia aún está a la cabeza de todos sus problemas: en partes de Queensland, el corazón de la epidemia, la enfermedad fue responsable de una disminución del 80 % en la población de marsupiales a lo largo de dos décadas.

Esta enfermedad también es la que con mayor frecuencia envía a los koalas al Hospital de Vida Silvestre del Zoológico de Australia, el hospital de animales silvestres más activo del país, 48 kilómetros al norte de Endeavour. “Las cifras son: la clamidia, un 40 %; los automóviles, un 30 %, y los perros, un 10 %. Y el resto es una combinación interesante de problemas en los que te puedes meter cuando tienes un cerebro pequeño y tu hábitat se ha fragmentado”, ha declarado a NYT Rosemary Booth, directora del hospital.

El equipo de Booth trata a los marsupiales con clamidia con un régimen ampliado de los mismos antibióticos que se dan a los humanos. “Obtengo toda mi información sobre la clamidia de los CDC”, dijo, refiriéndose a los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades en Estados Unidos, “porque Estados Unidos es un gran centro de estudio de la clamidia”.

Sin embargo, la cura puede ser tan mortal como la enfermedad. En lo profundo de los intestinos de un koala, hay un ejército de bacterias que ayuda al animal a subsistir a base de eucalipto, una planta tóxica para todos los demás animales. “Este es el ejemplo máximo de un animal que depende por completo de una población de bacterias”, manifestó Booth. Los antibióticos acaban con esa flora intestinal crucial, por lo que impiden que el marsupial pueda obtener nutrientes de su comida.

En un ensayo de 2019 dirigido por Timms y Booth, fue necesario sacrificar a uno de los cinco koalas tratados con antibióticos “debido a complicaciones gastrointestinales que derivaron en desgaste muscular y deshidratación”. El problema es tan grave que los veterinarios administran a los marsupiales tratados con antibióticos “malteadas de popó” (en esencia, trasplantes fecales) con la esperanza de restaurar su microbiota.

Durante la última década, Timms ha trabajado para perfeccionar una vacuna. Su fórmula parece funcionar bien: los ensayos han demostrado que su uso es seguro, que surte efecto en 60 días y que los animales desarrollan respuestas inmunitarias que perduran toda su vida reproductiva. El siguiente paso es optimizarla para su uso en el campo.

Todavía no se sabe en qué medida ayudará a desarrollar una vacuna humana la investigación sobre la clamidia del koala. Lo que es seguro es que la investigación realizada sobre la enfermedad humana ha beneficiado enormemente a los koalas. Desde los antibióticos humanos hasta lo que se ha descubierto gracias a los ratones, los veterinarios de los animales silvestres tienen ahora muchas más herramientas que antes para salvar a los marsupiales vulnerables.

Fuente: The New York Times