Micrometeoritos, el polvo de las estrellas

Los micrometeoritos tienen un diámetro menor de dos milímetros. Pueden tener miles de millones de años y la mayoría probablemente se ha concentrado en el cinturón de asteroides situado entre las órbitas de Marte y Júpiter antes de caer a la Tierra.

Mundo Geo

Hasta hace poco se pensaba que los micrometeoritos solo se podían encontrar en la Antártida.
Hasta hace poco se pensaba que los micrometeoritos solo se podían encontrar en la Antártida.

0,2 milímetros  de tamaño, de color negro, imposible distinguirlo de una semilla de amapola. Un punto negro sobre una mesa de jardín blanca. La mayoría de las personas se habrían limitado a quitar de ahí esa migaja de polvo… ¡hala, fuera! Pero esa motita negra se convirtió en la piedrecilla de toque personal de Jon Larsen, un tipo que mide aproximadamente 1,90 metros y pesa unos 100 kilos. Este noruego se tropezó con ella hace más de diez años comenzando un largo viaje que le llevaría hasta los confines del universo y el comienzo de los tiempos. Por suerte tenía las gafas puestas porque “de lo contrario no habría visto esa migaja”.

Aquel julio de 2009 Larsen volvió de repente a su infancia, cuando buscaba entusiasmado cristales bonitos en las canteras en compañía de un amigo. ¿De dónde había salido esa piedrecilla? ¿Se habría caído de un avión? ¿La habría llevado un pájaro? Larsen empezó a buscar en Internet y enseguida dio con un ensayo sobre los micrometeoritos.  “Y fue precisamente en ese momento”, recuerda, “cuando sentí un ardiente subidón de adrenalina”.

Cada día caen a la Tierra unas 100 toneladas de polvo de estrellas. Su diámetro es menor de dos milímetros

Leyó de un tirón lo poco que había en Internet sobre el tema. La mayoría de las fuentes estaban de acuerdo en una cosa: los micrometeoritos tienen un diámetro menor de dos milímetros. Pueden tener miles de millones de años y la mayoría probablemente se ha concentrado en el cinturón de asteroides situado entre las órbitas de Marte y Júpiter antes de caer a la Tierra. Se componen fundamentalmente de los óxidos ferrosos wustita y magnetita, es decir, son ferromagnéticos.

Pero todos los investigadores coincidían en afirmar que solo se pueden encontrar en la Antártida, sobre ese fondo nevado de blancura inmaculada. Por último encontró también una cifra electrizante: cada día caen a la Tierra unas 100 toneladas de polvo de estrellas, a partir de ese momento Larsen tuvo claro que quería encontrar un par de gramos de esa materia.

Durante los años siguientes viandantes de todos los rincones del planeta le han pillado recogiendo porquería del asfalto de las carreteras provisto de una bolsa de plástico y un pequeño imán. 

Larsen ha viajado por todo el mundo debido a su profesión. Este hombre de 61 años es guitarrista de jazz y su banda “Hot Club de Norvège” es muy apreciada no solo en su patria. Sus tres colegas se acostumbraron a que Larsen se encaramara a los tejados durante las giras, siempre a la caza de esas bolitas de polvo.

Jon Larsen examinaba todo lo que se llevaba a casa con su microscopio, un aparato realmente bueno de sus años de juventud. Ponía los gránulos en una placa de Petri, los movía con un palillo y los contemplaba. Aprendió a identificar algunas partículas que procedían claramente de la mano del hombre: partículas de óxido o virutas metálicas de piezas de automóviles que mostraban huellas de las herramientas o de los procesos que las habían moldeado.

Encontró fragmentos de óxido de carrocerías y virutas curvas arrancadas por taladros. Pero ¿cómo se identifica un meteorito?

Pues… de ninguna manera. En torno al año 2010 la comunidad académica dedicada al estudio del polvo...

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