Solar Orbiter, viaje al Sol

El pasado 10 de febrero fue lanzada desde Cabo Cañaveral la sonda Solar Orbiter, nuestro emisario para comprender los secretos del Sol, que esta semana llegó a 77 millones de kilómetros de su superficie, aproximadamente la mitad de la distancia entre el Sol y la Tierra.

Planeta 2030

Solar Orbiter. Foto: ESA
Solar Orbiter. Foto: ESA

Solar Orbiter, una misión de la ESA con fuerte participación de la NASA, ofrecerá las primeras imágenes de las ignotas regiones polares del Sol, lo que permitirá conocer como nunca antes el funcionamiento de nuestra estrella progenitora.

También investigará cómo la intensa radiación y las partículas energéticas que emite el Sol y transporta el viento solar afectan a nuestro planeta, para así poder comprender y predecir mejor los periodos de tormentas solares. Estas tormentas podrían poner fuera de juego nuestras redes eléctricas, perturbar el tráfico aéreo y las telecomunicaciones, y hacer peligrar a los astronautas durante los paseos espaciales, por ejemplo.

El estudio de las tormentas solares es uno de los objetivos de Solar Orbiter

“Los humanos siempre hemos sabido de la importancia del Sol para la vida en la Tierra, y lo hemos observado e investigado su funcionamiento a fondo. Pero también somos conscientes del potencial que posee para perturbar nuestra vida cotidiana si nos encontramos en la línea de fuego de una potente tormenta solar”, reconoce Günther Hasinger, director de Ciencia de la ESA.

“Al finalizar la misión Solar Orbiter, tendremos más información que nunca sobre la fuerza oculta responsable del comportamiento cambiante del Sol y su influencia en nuestro planeta”.

“Solar Orbiter va a hacer cosas asombrosas. En combinación con el resto de las misiones que la NASA acaba de lanzar para estudiar el Sol, nos ofrecerá información sin precedentes sobre nuestra estrella —señala Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la NASA para Ciencia desde la sede de la agencia en Washington—. Junto a nuestros socios europeos, vamos a inaugurar una nueva era de la heliofísica, que transformará el estudio del Sol y contribuirá a la seguridad de los astronautas durante sus misiones a la Luna dentro del programa Artemis”.

En su acercamiento máximo, Solar Orbiter se situará dentro de la órbita de Mercurio, a unos 42 millones de kilómetros de la superficie solar. La avanzada tecnología de su escudo térmico garantizará la protección de los instrumentos científicos de la nave cuando tenga que soportar temperaturas de hasta 500 °C, hasta 13 veces el calor que sufren los satélites en órbita terrestre.

La sonda está preparada para soportar temperaturas de 500ºC

“Tras veinte años desde su concepción, seis años de construcción y más de un año de pruebas, hemos creado junto a nuestros socios industriales nuevas tecnologías termorresistentes y afrontado con éxito el desafío de construir una nave preparada para mirar al Sol y estudiarlo de cerca”, añade  César García Marirrodriga, responsable del proyecto Solar Orbiter de la ESA.

Solar Orbiter

Nuevas perspectivas de nuestra estrella progenitora

Solar Orbiter solo tardará dos años en alcanzar su órbita operativa inicial, empleando maniobras de asistencia gravitatoria en la Tierra y en Venus para entrar en una órbita muy elíptica alrededor del Sol. La nave aprovechará la gravedad de Venus para salirse del plano de la eclíptica del sistema solar, que alberga las órbitas planetarias, y aumentar su inclinación para ofrecernos nuevas vistas de los polos del Sol, desconocidos hasta ahora.

Los polos no son visibles desde la Tierra y otras astronaves, pero los científicos creen que son fundamentales para comprender la actividad del Sol. A lo largo de los cinco años previstos para la misión, Solar Orbiter alcanzará una inclinación de 17° por encima y por debajo del ecuador solar. Durante la ampliación propuesta, la inclinación llegaría a ser de 33°.

“Manejar una nave tan cerca del Sol constituye un enorme reto”, afirma Sylvain Lodiot, responsable de operaciones de la nave Solar Orbiter de la ESA.

“Nuestro equipo tendrá que garantizar la orientación continua y precisa del escudo para evitar posibles daños provocados por la radiación y el flujo térmico del Sol. Al mismo tiempo, tendremos que garantizar una respuesta rápida y flexible a las solicitudes de los científicos para adaptar las operaciones de sus instrumentos según las últimas observaciones de la superficie solar”. 

Solar Orbiter empleará una combinación de 10 instrumentos de detección local y remota para observar la turbulenta superficie del Sol, su caliente atmósfera exterior y los cambios en el viento solar. Las cargas útiles de detección tomarán imágenes en alta resolución de la atmósfera solar —la corona— y el disco. Los instrumentos in situmedirán en viento solar y el campo magnético en los alrededores del orbitador.

 “La combinación de instrumentos de detección remota, que miran al Sol, y las medidas in situ, que sienten todo su poder, nos permitirán unir los puntos entre lo que vemos en el Sol y lo que experimentamos inmersos en el viento solar”, explica Daniel Müller, científico del proyecto Solar Orbiter de la ESA.

“De esta forma obtendremos información sin precedentes sobre el funcionamiento de nuestra estrella progenitora, en términos de su ciclo de 11 años de actividad solar, y cómo el Sol crea y controla la burbuja magnética, la heliosfera, en la que reside nuestro planeta”.

Todos somos Solar Orbiter

Solar Orbiter será una de las dos naves que estudiarán de forma complementaria el Sol desde sus inmediaciones: se unirá a la sonda solar Parker de la NASA, que ya está llevando a cabo su misión.

Tanto Solar Orbiter como Parker han sido diseñadas para operar en una órbita única y cumplir objetivos distintos y complementarios. Mientras que la sonda de la NASA se acerca a nuestra estrella mucho más que Solar Orbiter para así estudiar cómo se origina el viento solar, no cuenta con cámaras para ver el Sol directamente. Solar Orbiter, en cambio, volará a una distancia ideal para lograr una perspectiva completa de nuestra estrella, incluyendo imágenes remotas y medidas in situ, y por primera vez verá las regiones polares del Sol.

Además de abordar sus propios objetivos científicos, Solar Orbiter ofrecerá información contextual para comprender mejor las mediciones efectuadas por la sonda Parker. Así, las dos misiones recogerán datos complementarios que permitirán obtener más información científica de lo que ninguna de ellas podría lograr por separado.

“Solar Orbiter es la última incorporación al Observatorio del Sistema Heliofísico de la NASA y se suma a la sonda solar Parker en su extraordinaria aventura para desentrañar los mayores misterios del Sol y su atmósfera extendida”, apunta Holly Gilbert, científica del proyecto Solar Orbiter de la NASA.

“La potente combinación de estas dos misiones y sus increíbles avances tecnológicos harán que nuestros conocimientos alcancen cotas impensables”.

Solar Orbiter está llamada a continuar el legado de misiones como Ulysses o el Observatorio Heliosférico y Solar (SOHO), de la ESA/NASA, para ofrecernos la información más avanzada sobre nuestra estrella y su influencia en la Tierra.

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