Solar Orbiter ya habla de ciencia

Tras disfrutar de las primeras imágenes de la misión Solar Orbiter comienzan a plasmarse las conclusiones científicas, estableciendo asociaciones entre fenómenos en la superficie del Sol y lo que sucede en el espacio interplanetario alrededor de la nave.

Tras la llegada de impactantes imágenes del Sol gracias a la misión Solar Orbiter, los científicos han comenzado su estudio y el de la multitud de datos captados, ofreciendo así las primeras conclusiones sobre las “hogueras” solares, la meteorología espacial y la desintegración de los cometas.

Los diez instrumentos científicos de Solar Orbiter se dividen en dos grupos: seis telescopios de detección remota y cuatro instrumentos in situ. Los primeros observan el Sol y su atmósfera extendida, la corona. Los segundos miden las partículas alrededor de la nave, liberadas por el Sol y conocidas con el nombre de “viento solar”, junto con sus campos magnético y eléctrico.

Huellas del viento solar

Los datos de Solar Orbiter han permitido calcular la región de origen del viento solar que golpea a la nave e identificar su “huella” en las imágenes de detección remota. En un ejemplo estudiado en junio de 2020, la huella se ve en el margen de una región denominada “agujero coronal”, desde donde el campo magnético del Sol se extiende al espacio y permite que fluya el viento solar. 

Aunque se trata de un trabajo preliminar, ya va más allá de lo que era posible hasta el momento. 

La física de las hogueras

Solar Orbiter también ofrece nueva información sobre las hogueras solares. Las primeras imágenes de la misión mostraban una multitud de lo que parecían minúsculas erupciones solares desperdigadas por la superficie del Sol. Los científicos les dieron el nombre de “hogueras” porque aún se desconoce la energía exacta asociada estos eventos.

Lo que hace que resulten tan interesantes es que desde hace mucho se creía que podrían existir en el Sol nanollamaradas a escala reducida, pero hasta ahora carecíamos de medios para ver fenómenos tan pequeños. 

         

Esto es importante porque, en teoría, estas nanollamaradas serían responsables de calentar la corona, la atmósfera exterior del Sol. El hecho de que la corona se encuentre a aproximadamente un millón de grados Celsius, mientras que la superficie tan solo alcanza unos cinco mil grados es uno de los mayores enigmas de la actual física solar. Investigar este misterio es uno de los objetivos científicos clave de Solar Orbiter. 

“Ahora mismo, lo único que hemos hecho ha sido poner a punto los datos, mientras los equipos siguen aprendiendo sobre el comportamiento de los instrumentos en el espacio, y los resultados son muy preliminares. Pero es evidente que hemos visto cosas interesantísimas”, admite Frédéric Auchère, del Instituto de Astrofísica Espacial de Orsay (Francia) y jefe del Grupo de Trabajo de Detección Remota de Solar Orbiter.

A la cola de un cometa

Además de progresar hacia los objetivos científicos de Solar Orbiter, también se han dado felices casualidades científicas. 

Poco después del lanzamiento de la misión, se vio que pasaría por detrás del cometa ATLAS y atravesaría sus dos colas. 

An orbit s worth of particle data         

Pero el cometa se desintegró antes de que la nave pudiera acercarse. Así que, en vez de las potentes señales de las colas, era más que posible que la misión no viera nada de nada. 

No fue el caso. En lugar de un único y nítido cruce con las colas, la nave detectó numerosos episodios de ondas en los datos magnéticos. También detectó masas de polvo, que probablemente se habían liberado del interior del cometa y se habían dividido en numerosos fragmentos minúsculos. 

Meteorología espacial sigilosa

Solar Orbiter ha estado midiendo el viento solar gran parte del tiempo que lleva en el espacio y ha llegado a registrar varias eyecciones de partículas procedentes del Sol.

Solar Orbiter no fue la única astronave que observó el evento. BepiColombo, la misión a Mercurio de la ESA, volaba junto a la Tierra en ese instante. Además, la misión solar STEREO de la NASA se hallaba a unos noventa grados de la línea Sol-Tierra, mirando directamente al área del espacio que atravesaba la eyección de masa coronal. Así, vio el impacto de la eyección en Solar Orbiter y, después, en BepiColombo y la Tierra. Combinando las mediciones de las distintas naves, los investigadores han podido estudiar a fondo cómo evolucionó la eyección mientras se desplazaba por el espacio. 

Multipoint detections of a coronal mass ejection         

Solar Orbiter aún tiene mucho que contarnos, 2021 va a ser un año emocionante, pues todos los instrumentos estarán funcionando juntos en modo científico completo y en 2022, Solar Orbiter quedará a menos de 48 millones de kilómetros de la superficie del Sol, más de 20 millones de kilómetros más cerca del astro de lo que habrá llegado en 2021.

        

Fuente e imágenes: ESA

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