Y tú ¿te vacunarías contra la COVID-19?

Antes estábamos orgullosos de acabar con las enfermedades gracias a las vacunas. Hoy, especialmente tras la COVID-19, surgen dudas y una ruidosa minoría se moviliza contra la vacunación haciendo que muchas personas se sientan inseguras. Una investigación de GEO.

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En España los antivacunas son un colectivo que apenas alcanza el 3% de la población. ¿Aumentará con la COVID-19?
En España los antivacunas son un colectivo que apenas alcanza el 3% de la población. ¿Aumentará con la COVID-19?

Según una encuesta reciente  de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), dependiente  del Ministerio de Ciencia e Innovación, a día de hoy, un 32% de los españoles se mostraría totalmente favorable a recibir la vacuna contra la COVID-19, el 36% estaría también en una posición favorable, aunque con reticencias, mientras que un 23% muestra un nivel de reserva alto. El 9% restante prefirió no responder.

Más allá del hecho puntual de la pandemia que vivimos –con las trágicas consecuencias que todos conocemos y las lógicas dudas que la creación de una vacuna contrarreloj pudiera suponer– lo cierto es que hasta hace bien poco la sociedad estaba orgullosa de acabar con las enfermedades gracias a las vacunas. Sin embargo, una ruidosa minoría se moviliza ahora contra la vacunación, haciendo que muchas personas se sientan inseguras. 

De la mano de la doctora Vivian Pasquet, quien durante meses ha recopilado datos y ha hablado con expertos y sopesado diferentes argumentos que vuelca en un reportaje de nuestro primer número de GEO, realizamos un recorrido por los entresijos de una polémica que en realidad no debería ser tal.

1. La polémica

La polémica entre defensores y detractores de las vacunas ha cobrado un cariz desquiciado. Padres que no vacunan a sus hijos intercambian impresiones sobre mobbing vacunal” en grupos cerrados de Facebook. Médicos que expulsan de sus consultas a pacientes poco entusiastas de la vacunas. En ciertos países de Europa la policía se ha encargado de asegurar la entrada a cines en los que se proyectaban películas de los antivacunas.

Y eso llama aún más la atención si tenemos en cuenta que países como Alemania, de donde es originaria la doctora Pasquet, el grupo de antivacunas radicales es más bien pequeño: solo cerca del 2% de la población no se vacuna o no permite que vacunen a sus hijos –en España es del 3%–, o lo que es lo mismo, entre 80 y 100.000 menores, según datos de la compañía farmacéutica MSD, impulsora del proyecto Inmuniza.

Sin embargo, como en España, es un grupo que hace mucho ruido. Los antivacunas tienen páginas propias en Internet, editan revistas, se reúnen en tertulias y manifestaciones. Así puede dar la impresión de que existen dos bandos en esta disputa, los que están a favor y los que están en contra de las vacunas.

Pero existe un tercer grupo. Actúa de forma menos ruidosa y puede ser decisivo para la salud de un país: los escépticos respecto a la efectividad de las vacunas. Cuando empecé a investigar sobre este tema me encontré con muchos de esos escépticos. Son personas que suelen comenzar sus frases diciendo: “No soy un antivacunas pero...”

El miedo a que los metan en el mismo saco que esos “locos” es grande. Pero las preguntas siempre están ahí. Una amiga dice que nada más vacunar a su hijo empezó a tener una intolerancia alimentaria ¿no parece sospechoso? Un médico me comenta que ha oído que hay muchos casos de daños ocasionados por las vacunas sin registrar y me anima a investigar sobre ello. Una compañera de trabajo me cuenta que la hija de unos conocidos dejó de ser ella misma durante semanas después de que la vacunaran. ¿Y si los antivacunas tuvieran razón, aunque sólo fuera un poquito?

Al comenzar su investigación la doctora no era capaz de explicar a los escépticos cómo se decide en la UE que se debe proteger a todo el mundo de al menos 15 enfermedades infecciosas a partir de las seis semanas de vida

Durante su formación como médico, la doctora Pasquet ha puesto vacunas cientos de veces. Nunca ha ahondado en el tema. Porque, y eso también es parte de la gran verdad, casi ningún médico recibe mucha información sobre las vacunas durante sus estudios. Es algo que se da por sobreentendido.

Así que, al comenzar su investigación, la doctora no era capaz de explicar a los escépticos cómo se decide en la Unión Europea que se debe proteger a todo el mundo de al menos 15 enfermedades infecciosas a partir de las seis semanas de vida. No sabía si actualmente aún hay víctimas de daños producidos por las vacunas y qué es lo que se hace con ellas. No podía precisar quiénes se ocupan realmente de que nuestras vacunas sean seguras ni cómo lo hacen. Sencillamente, no era capaz de desenredar la mezcolanza de mitos y críticas justificadas a las vacunas.

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