«¿Podrá nuestro Planeta Titanic esquivar el iceberg de nuestra inconsciencia?» Jesús M. Linares

El otoño nos ha traído uno de los acontecimientos más importantes del año, si no el que mas: la COP26 o cumbre de Glasgow. Su relevancia se desprende de las consecuencias que los acuerdos integubenamentales tendrán para el futuro de nuestro Planeta y el de sus habitantes. La "tripulación del Planeta Titanic" puede no tenerlo claro, pero "el pasaje" sí puede cambiar el rumbo.

Macarena Lainez

https://youtu.be/gQqpULg-lRE?list=PLJWg0xbV0pCNNLTg2I6ZqDKgwC2-RfpeA

JESÚS MARTÍNEZ LINARES. Doctor en Física Cuántica, distinguido con el Marie Curie Fellow de la UE y premio Open Mind. Pasó cuatro años en México liderando proyectos sociales y ambientales.

Es Embajador Climático del Nobel Al Gore y uno de sus 100 colaboradores más activos; fundador de sustenta.org, observador internacional de la ONU y premio Embajador Mundial del Cambio Climático en los New York Awards 2019.

Las credenciales de Jesús Martínez Linares, o Dr. Linares como se le conoce internacionalmente, lo situaban en primera línea para solicitar su opinión sobre la COP26 celebrada en Glasgow. Su currículum avala su conocimiento y sus dos libros, Cambio Climático, una realidad acuciante, y Planeta Titanic, desvelan que más allá de ser un científico, es un apasionado amante del Planeta Tierra.

Quien lo conoce sabe, además, que tiene alma de artista, lo que le lleva a meditar el emplazamiento para esta entrevista y citarnos en un enclave único, el Atenas Playa de La Barrosa.Prepara así un escenario que nos envuelve de naturaleza y de océano Atlántico, bañados con esa especial luz del sur, para empujarnos a la acción en defensa del Planeta.

G: ¿Cuales han sido para usted los mejores y los peores acuerdos dentro de la COP26?

JESÚS MARTÍNEZ LINARES: Como todo en la vida, siempre hay luces y sombras. Pero lo primero es entender que la principal sombra radica en la dificultad esencial que supone la arquitectura actual de las cumbres del clima de la ONU. Esta exige consenso para llegar al acuerdo final. Este siempre resulta, por tanto, “descafeinado” con respecto a los ambiciosos borradores iniciales. El acuerdo final está condenado a ser el mínimo denominador común entre los 197 países firmantes. El problema esencial es que no tenemos todavía instituciones de gobernanza global adecuadas para resolver problemas globales como lo son la emergencia climática y pandémica. Ambas son, por cierto, las dos caras de la misma moneda; la degradación del estado de salud del planeta.

Por otro lado, para mí, la principal sombra de esta edición es que China ha brillado por su ausencia. Aunque se ha comprometido a emisiones netas cero en el 2060, se ha fijado como principal objetivo alcanzar su pico de emisiones en 2030, es decir, que por ahora el principal emisor del planeta planea seguir con emisiones crecientes durante toda esta década.

Las luces, como en una buena “película de suspense”, están al final del túnel. Me refiero a los acuerdos parciales sectoriales que, aunque firmados solo por grupos de países, resultan influyentes tractores de cambio que van creciendo a lo largo de las cumbres sucesivas.

Por ejemplo, se ha avanzado en la incorporación de la biodiversidad en la acción climática, así como en los acuerdos para reducir un 30% las emisiones de metano al 2030, en movilidad eléctrica y en bosques y reforestación.

La vuelta a las COP del inquilino en la Casa Blanca es en sí misma una luz a comentar, aunque atenuada por los problemas en casa que han impedido a Biden desarrollar un liderazgo claro.

Finalmente, lo mejor, en comparación con la COP25 de Madrid, es que por fin se consiguieron finalizar las reglas inconclusas del Acuerdo de Paris, en concreto las relativas al artículo 6 en cuanto a la regulación de los mercados internacionales de carbono.

¿Para usted cual ha sido la mejor y la peor cumbre?

La peor sin duda fue Copenhague en el 2009. Llevé a la cumbre firmas de 400 ciudadanos de Chiclana, mi pueblo natal, pidiendo un acuerdo firme, ambicioso y vinculante. En total una ONG canadiense consiguió agrupar 12 millones de firmas en el mundo. Dije en la Cumbre que el país de las firmas tenía mas habitantes que el país anfitrión, Dinamarca. Creíamos que era imposible que no se firmara un acuerdo vinculante. La decepción fue asfixiante. Cuando volví a casa, vi la carta a los Reyes Magos que mi hija de 12 años había escrito en mi ausencia. Decía que ese año no quería muñecos. Lo único que les pedía a sus majestades era que se consiguiera salvar al planeta. ¡Todavía se me erizan los vellos al recordarlo!

La mejor cumbre sin duda fue Paris. ¡Siempre nos quedará Paris! Como dice Al Gore “Paris fue el certificado de defunción de la economía fósil”. Suelo decir que la bola de nieve comenzó a rodar colina abajo en Paris. Ahora solo queda acelerarla.

¿Qué es lo que más destaca de Glasgow?

Lo que he visto por fuera. A pesar de la tibieza de nuestros gobernantes hay un clamor en el planeta. El mundo, sus jóvenes, sus empresas, sus finanzas, su economía están desarrollando una profunda mutación estructural. Estamos frente a lo que está llamado a ser el mayor movimiento social emergente de la historia de la humanidad. Es imparable. Está ocurriendo. La revolución de la sostenibilidad tendrá la escala de la revolución industrial acelerada por la rapidez de las tecnologías exponenciales.

Precisamente, fui en 2017 a la Singularity University (SU), para estudiar cómo puede ayudar la 4ª revolución industrial a acelerar la descarbonización de la economía. Por ejemplo, la desmaterialización que permite la revolución digital es clave para la Economía Circular. Esta universidad fue creada en Silicon Valley por Google y la NASA para familiarizar a la sociedad con la potencia de las tecnologías exponenciales. Quien ha estado allí sabe de lo que hablo.

Los que no tomamos las decisiones pero sufrimos las consecuencias, ¿qué poder tenemos para cambiar las cosas?

Las cuentas son claras. En promedio, emitimos 5,5 tn CO2 equiv anuales por habitante del planeta. Somos 7.800 millones de personas en el mundo, lo que hace los 42.000 millones de toneladas de CO2 equiv anuales que generan el problema. Es decir, ¡somos nosotros! Estamos al final de la cadena de consumo. Todo el CO2 generado acaba en nuestras manos en forma de un producto o un servicio. Por tanto, tenemos que corresponsabilizarnos del problema.

¿Y qué podemos hacer? Tenemos tres grandes planos de acción, que llaman los tres “giros de mano” del Dr. Linares, por lo frecuente que me refiero a ello en mis conferencias. En primer lugar, como consumidores. Al elegir un producto del lineal tenemos que girar la mano y comprobar en la etiqueta si nuestra decisión de compra daña al planeta. En segundo lugar, como votantes. Como dice mi maestro Al Gore, ¡la voluntad política también es un recurso renovable! Cuando depositemos el voto en la urna, tenemos que girar la mano y preguntar a nuestro candidato qué planes tiene para el planeta. En tercer y último lugar como ejemplo en nuestro entorno. Decía Gandhi “se tú mismo el cambio que quieras ver en el mundo”. El hombre es un animal social imitativo. Nuestros cambios de hábitos de vida son contagiosos. Por lo tanto, reciclar, usar transporte público, comprarse vehículos eléctricos y adoptar gradualmente una dieta planetaria son acciones poderosas, sobre todo en la medida en que actúan de palancas de cambio para nuestro entorno. Cambiar nuestra dieta es particularmente efectivo. Conviene recordar que el sector agroalimentario genera el 26% de las emisiones a nivel global.

¿Cuál es su diagnóstico de la situación?

Nuestra civilización y el planeta son dos trenes que se dirigen a una colisión frontal. Para entender la situación debemos entender, por tanto, la inacción de nuestros maquinistas y la “sociología de la ceguera” del pasaje. Dicho de otra forma, para entender el problema debemos entender si el Homo sapiens lo es. A efectos diré 5 cosas.   

1.- El Homo sapiens es más bien “homo elefantis”: ha entrado como un elefante en una cacharrería en el sistema climático. Estamos vertiendo una cantidad ingente de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera. Nada menos que 42.000 millones de tn de CO2 equivalente al año. Estamos fuera de escala no solo por la cantidad sino por la rapidez. Nos hemos salido fuera de las reglas de la naturaleza. No solo emitimos una cantidad brutal de CO2 sino que lo trasvasamos de otro ciclo histórico de carbono. Hace 300 millones de años, durante el carbonífero, había una gran cantidad de CO2 en la atmosfera. Ahora la bien, la geología tiene una forma lenta pero segura de enterrarlo en el subsuelo mediante la formación de carbón y petróleo. Nuestra sociedad industrial es una auténtica máquina del tiempo, una batidora que mete su mano en el subsuelo e inyecta a la atmósfera, en tan solo 200 años, una cantidad ingente de carbono que pertenecía a un ciclo de hace 300 millones de años. Cuando lo hicimos no éramos conscientes de las consecuencias, pero ahora ya no tenemos excusas.

2.- La atmósfera es una finísima capa que envuelve la tierra. El 75% de su masa está contenida tan solo en los 11 primeros kilómetros. Pero esta fina capa es muy importante para nosotros, pues abraza toda la vida en la tierra. El hombre no juega limpio con la naturaleza. La ha convertido en “basuraleza”. Simplemente la ignoramos sin comprender sus reglas y su equilibrio entre los ecosistemas. Ahora ella nos pasa la factura por ello.

3.- El Homo sapiens es un “homo meteoritus”. Estamos causando el comienzo de la sexta extinción masiva desde que existe vida en la tierra. El ritmo de extinción de especies es 1.000 veces superior al natural. Cada día se extinguen 150 especies. El 99,99% de las especies del planeta se han extinguido, pero es difícil encontrar especies que sean capaces de conducirse a si mismas al ecocidio.

4.- Estamos por tanto ante una amenaza existencial. La paradoja es que durante la guerra fría nos criamos bajo otra amenaza existencial: el terror de que Rusia o EEUU tiraran una bomba nuclear. Ahora el calentamiento global tiene el efecto térmico equivalente al de tirar 600.000 bombas de Hiroshima cada día. Un 27% de estas bombas diarias las tira China, EEUU el 11%, la UE y la India en torno a un 7%. Las consecuencias pueden ser homologables a las de una guerra nuclear y, sin embargo, seguimos sin querer ser conscientes de ello. Según la prestigiosa revista Lancet, van a haber mas de 1.000 millones de refugiados climáticos en este siglo.

5.- Estamos en el Planeta Titanic, como explico en mi último libro del mismo nombre que presenté en Nueva York en 2019. Seguimos mirando hacia otro lado sin comprender el problema, como la orquesta del Titanic. El Titanic tuvo un punto de no retorno. Cuando lo cruzó ya fue demasiado tarde. Igualmente, estamos ya cerca de un punto de no retorno para el Planeta Titanic, pues existen fenómenos ligados al calentamiento global que serán ya irreversibles en 10 años. Estamos pues saliendo de la ventana de oportunidad de poder arreglar el problema.

¿Podrá nuestro el Planeta Titanic acabar esquivando el iceberg de nuestra inconsciencia? Para ello estamos lanzando desde sustenta.org la Gran Alianza por el Planeta (GAP), un movimiento cívico internacional para poner al planeta en el centro.

¿Qué nos espera realmente con las decisiones que estamos tomando y al ritmo que vamos?

Al ritmo que vamos, según los planes nacionales de reducción de emisiones presentados, nos espera sobrepasar con creces el umbral critico de Paris de 1,5ºC, llegando a 2,7ºC.

Como dice Al Gore, “ya no estamos en una época de advertencias sino de consecuencias”. Hasta ahora hemos incrementado la temperatura promedio 1,1ºC con respecto a niveles preindustriales. Los resultados están todos los días en los telediarios, fenómenos meteorológicos extremos (FME) como inundaciones y olas de calor, incendios gigantescos de sexta generación, huracanes, zoonosis, virus glaciales, etc, etc. Imagínense lo que sería llegar a 2,7ºC. Bueno, pues eso ocurrirá si, simplemente, no hacemos nada.

¿Qué podríamos hacer para que personas como el senador australiano Matthew Canavan vean la realidad?

Para comprender al senador hay que explicar que Mat Canavan es un Senador australiano por Queensland. Australia es el quinto país productor de carbón del mundo. Mat fue famoso pues en respuesta a una huelga de estudiantes por el clima comentó “lo que yo quiero es que los niños en el colegio aprendan cómo construir una mina, cómo perforar por petróleo y gas”. Mat es un adicto al carbón.

Para empezar, tengo que citar a Epton Sinclair, cuando nos recordaba que “es difícil que un hombre entienda algo cuando su salario depende de lo contrario”. Lo curioso es que han cambiado las tornas. En este caso, su salario a largo plazo depende de que sí lo entienda. Básicamente debe entender un decálogo de razones. Completaría las cinco primeras, dadas en nuestra pregunta de diagnóstico, con las siguientes cinco.

1.- La ciencia ha demostrado que la quema masiva de combustibles fósiles ha provocado una amenaza existencial a la humanidad. Es, por tanto, imperativo cambiar el modelo energético. Descarbonizar la economía. La ciencia exige reducir nuestras emisiones a la mitad para el 2030 y conseguir el cero neto para el 2050 si queremos cumplir con el acuerdo de Paris. La ciencia es rotunda en este sentido.

2.- No hacer nada es lo mas caro. Nadie quiere vivir en un mundo 2,7ºC. Aun si el carbón fuera más barato que las renovables, el argumento más contundente es que no hay economía sin Planeta. No hay Planeta B.   

3.- Pero es que para colmo es al contrario. El carbón ya no es lo mas barato. Según un informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena) más de la mitad de la capacidad renovable agregada en 2019 registró costes de energía más bajos que las más baratas de entre las nuevas plantas de carbón.

4.- Como dicen en la SU, “los mayores problemas del planeta son también las mayores oportunidades de generación de riqueza y empleo” Mat Carney, cuando era gobernador del banco de Inglaterra
en el 2015, ya dijo que el cambio climático (CC) era la mayor amenaza a la prosperidad del planeta.
Y que la descarbonización es la mayor oportunidad comercial de nuestra época. De hecho, según la Agencia internacional de la Energia (AIE) el 90% de la nueva capacidad eléctrica instalada en el mundo en el 2020 fue renovable. Este argumento habla por sí solo. El carbón es el pasado. Las renovables el presente
y el futuro.

5.- Para concluir, animaría a los Canavanistas a “cambiar el chip”, a actualizar sus argumentos y a sumarse a la mayor oportunidad de desarrollo de la historia de la humanidad. Estamos ciertamente ante una gran oportunidad histórica de innovación tecnológica, social e institucional en el proceso de transición ecológica hacia la descarbonización de la economía. Y tenemos buenos modelos para ello. California es el ejemplo de que puedes compaginar cuidar de la economía y del planeta al mismo tiempo.

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