Bancos de semillas, un seguro contra la hecatombe

El 21 % de las especies vegetales está amenazado de extinción. Su pérdida podría privar a la humanidad de valiosas riquezas. Para conservarlas se han creado unos 1.700 bancos de semillas en todo el mundo.

Yann Chavance

Nuez de pecán de un banco de semillas. Robert Llewellyn
Nuez de pecán de un banco de semillas. Robert Llewellyn

 

Los científicos apuntan a un patrón alarmante: la biodiversidad vegetal se marchita poco a poco, sin que seamos realmente conscientes de ello.  “Disponemos de muchos datos sobre el colapso de las poblaciones animales, pero muchos menos sobre las plantas”, se queja el botánico y genetista Pierre-Henri Gouyon, biólogo y profesor del Museo Nacional de Historia Natural de París. “Sin embargo, hay muchas señales de que esta dinámica de colapso es general”. En 2016, después de un año de análisis de los estudios existentes, decenas de investigadores, principalmente británicos, estimaron en un vasto informe que una de cada cinco especies de plantas en el mundo estaba amenazada de extinción. Una potencial hecatombe ecológica, de la que el informe enumeraba las causas: sobre todo la agricultura (factor de deforestación), pero también la urbanización, las enfermedades, la contaminación, las especies invasoras, el cambio climático...

Pero ¿por qué proteger la biodiversidad vegetal? ¿En qué puede condicionar el futuro de la humanidad? Después de todo, según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el 60% del aporte energético de la población mundial lo han proporcionado hasta ahora solo cinco cereales, de las 370.000 especies de plantas de semillas descubiertas en el planeta. Cinco cereales –arroz, trigo, maíz, mijo y sorgo– en los que la agricultura convencional apuesta para alimentar a los 9.700 millones de individuos que seremos en 2050. Entonces, ¿de qué pueden servir decenas y decenas de miles de especies de plantas silvestres? En realidad, sus beneficios son innumerables. Ya son más de 30.000 especies vegetales las que tienen una utilidad para la humanidad bien identificada, por ser una fuente de nutrientes, de materiales o de moléculas terapéuticas. Y cada año se descubren alrededor de 2.000 más, desconocidas hasta ese momento, una enorme suma de conocimiento potencial (y de progreso). Una diversidad silvestre que podría constituir por sí misma una reserva genética para mejorar las variedades cultivadas, en particular para adaptarlas a las evoluciones del clima. Esencial para asegurar el contenido de nuestros platos del mañana. Por eso, en todas partes del mundo, los bancos de semillas, que conservan las especies y variedades, y comparten estas semillas con los científicos, la industria y los agricultores, están en el meollo de la cuestión.

Los científicos apuntan a un patrón alarmante: la biodiversidad vegetal se marchita poco a poco, sin que seamos realmente conscientes de ello.

No obstante, las plantas silvestres no son las únicas que interesan a los científicos: la diversidad genética de las plantas con semillas cultivadas para alimentar a las personas y al ganado –que no representan más que una pequeña fracción de las especies vegetales, pero se descomponen en miles de variedades diferentes– forman también parte de la investigación que desarrollan en el Millennium Seed Bank, en Sussex, Inglaterra. “Hasta mediados del siglo XX, cada agricultor recuperaba una parte de su cosecha para volver a sembrar al año siguiente”, recuerda Pierre-Henri Gouyon. Cada uno de ellos poseía un stock genético único, adaptado a las características de su explotación”. Consecuencia: existía un gran número de variedades y cada una de ellas estaba a su vez muy diversificada genéticamente. Por ejemplo, había campos donde el tamaño de los tallos, el color de las semillas o el grosor de las espigas podían ser muy diferentes, aunque procedieran de la misma variedad. Luego, a medida que la agricultura se fue industrializando, los agricultores adoptaron las semillas que les ofrecían las empresas semilleras por razones prácticas y porque les proporcionaban mejores rendimientos. Las semillas no solo eran homogéneas (todos los individuos de una determinada variedad tienen exactamente la misma composición genética), sino también bastante similares entre una variedad y otra, al haber sido seleccionadas para satisfacer las mismas necesidades: una uniformidad difícil de evaluar a nivel mundial.

En un informe publicado en 2010, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)  se cuidó de no hacer un balance global. “Históricamente, las empresas semilleras han estado focalizadas en las variedades cultivadas más productivas, en detrimento de otras y, por tanto, han empobrecido la biodiversidad”, reconoce por su parte Franck Garnier, presidente de la filial francesa del grupo Bayer –pieza clave en el sector después de haber adquirido en 2018 al líder mundial Monsanto por casi 60.000 millones de euros–, antes de añadir, dando a entender que esa época ha quedado atrás: “Creo que hoy esta tendencia se está invirtiendo. El rendimiento ya no es el único criterio de selección, estamos mucho más centrados en la calidad gustativa, la capacidad de conservación e incluso las necesidades de agua”. La FAO, por otro lado, hace hincapié en el papel crucial de los bancos de semillas, ya sean privados o públicos, en la conservación de la diversidad de las plantas cultivadas.

¿Necesitamos en Europa relajar las reglas para permitir que vuelvan a nuestros campos variedades de plantas cultivables que ahora están encerradas en bancos de semillas? Y a nivel mundial, ¿conseguiremos evitar la destrucción de los ecosistemas silvestres, y también la estandarización de las variedades cultivadas, al tiempo que seguimos alimentando al planeta entero? Los científicos son unánimes: los bancos de semillas, por sí solos, no bastan para salvaguardar los tesoros de la biodiversidad, ya que en materia de conservación el partido se juega en campo abierto. Corresponde ahora a la humanidad tomar decisiones...   (Continua leyendo este artículo en la sección Premium)