Así cantan los narvales

Son tímidos y esquivos, pero con la ayuda de esquimales inuit, los científicos han logrado acercarse a los narvales para grabar sus sonidos bajo las aguas de un fiordo de Groenlandia, donde se comunican y actúan mediante silbidos, clics y zumbidos.

Planeta 2030

Los narvales son tímidos y esquivos con los humanos, por lo que pocos estudios se han podido realizar. Foto: iStock
Los narvales son tímidos y esquivos con los humanos, por lo que pocos estudios se han podido realizar. Foto: iStock

Las profundidades del océano Ártico conforman el hábitat de los narvales, aunque con la llegada del verano podemos llegar a verlos cerca de las costas. Su estudio resulta difícil por su timidez, ya que huyen al primer atisbo de presencia humana.

Sin embargo, dos investigadores de la Universidad de Hokkaido (Japón) se unieron a las sigilosas cacerías que organizan los inuit con sus kayaks para grabar los sonidos de estos cetáceos en un remoto fiordo del noroeste de Groenlandia, obteniendo una información muy valiosa para conocer el comportamiento de estas criaturas tímidas y misteriosas. Así han descubierto los silbidos que emiten para comunicarse y los clics con los que ecolocalizan a los peces, a los que acaban cercando con un zumbido de motosierra.

Los narvales emiten silbidos para comunicarse entre ellos y clics para ecolocalizar a los peces, a los que van cercando con un zumbidos

Con micrófonos subacuáticos, los científicos se acercaron a 25 metros de los narvales y lograron captar tanto sus llamadas sociales como los sonidos que emiten para buscar alimento: bancos de peces.

Para comunicarse con sus congéneres utilizan una especie de silbidos. Y recurren a la ecolocación por medio de clics, como hacen los delfines, murciélagos, ballenas y otros animales para navegar y localizar a sus presas.

Los clics se aceleran a medida que se van acercando a sus presas, hasta llegar a un zumbido parecido al de una motosierra.

Para que no perdamos detalle, los autores del estudio, en colaboración con la American Geophysical Union (AGU), han publicado un video con los distintos escenarios.

Grabación de los distintos sonidos emitidos por los narvales

Una de las novedades del estudio, publicado en el Journal of Geophysical Research: Oceans de la AGU, ha sido confirmar de forma sonora y con avistamientos que los narvales se alimentan durante la época estival cerca de la costa, algo muy poco documentado hasta ahora. Además, sorprendentemente, se ha comprobado que se aproximan a tan solo un kilómetro del frente glaciar.

Estos cetáceos viven en verano en un ambiente ruidoso y peligroso, el frente glaciar, donde se fragmenta el hielo, bullen las burbujas, hay icebergs e incluso tsunamis

“Muchos estudios han caracterizado el ruido del océano en diversas partes del mundo, incluido el Ártico, pero en los fiordos glaciares esto es difícil y peligroso según te acercas al frente glaciar, donde se parten grandes fragmentos de hielo y puede haber tsunamis por el colapso de los icebergs”, explica Podolskiy a SINC.

En realidad Podolskiy y sus colegas geofísicos llevaban años estudiando los sonidos de los fiordos de Groenlandia y Canadá, pero centrados en la fusión de los glaciares. Casualmente, observaron una población de narvales y vieron la oportunidad de grabarlos también.

Así, en julio de 2019 decidieron unirse a varias expediciones de cazadores inuit que, con su conocimiento ancestral y sus arpones, partían de la aldea de Qaanaaq en busca de este y otros animales marinos.

“Los lugareños conocen, ven y escuchan las ballenas mucho mejor que cualquier extraño, por lo que ir con ellos resultó una colaboración muy fructífera para caracterizar los sonidos animales, ambientales y antropogénicos del fiordo”, dice Podolskiy, quien antes había tenido en cuenta otras alternativas.

“Podríamos haber captado los registros con instrumentos amarrados (en lugar de en kayaks o botes con el motor apagado), pero hubiéramos tenido poca idea de lo que sucede, cuántos animales hay y dónde están –apunta el investigador–, y también podíamos haber atrapado ejemplares para ponerlos grabadoras, pero esto resulta muy difícil y les produce mucho estrés”.

Caza sostenible de narvales

La caza de los narvales por parte de los inuit está controlada mediante cuotas y licencias oficiales del gobierno: “Se permiten matar 98 narvales al año, una actividad considerada sostenible que afecta al 1 o 2 % de esta subpoblación, aunque la información sobre la abundancia de estos cetáceos es realmente pobre y se necesitan más estudios”.

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