Los rayos, una amenaza para el permafrost ártico

Los rayos son un indicador el cambio climático y su mayor incidencia en el Ártico los convierte también en un amplificador del calentamiento global al acelerar la desaparición del permafrost.

Un equipo de investigadores del departamento de Ciencias de la Tierra y el Espacio de la Universidad de Washington midió la cantidad de rayos por encima de 65 ° N en los meses de junio, julio y agosto entre 2010 y 2020.

En agosto de 2019 se detectaron múltiples rayos a unos cientos de kilómetros del Polo Norte, un fenómeno bastante raro ya que el tipo de tormenta necesaria para producirlos rara vez se forma en esas latitudes. La sorpresa no es tanta tras casi una década de informes sobre el calentamiento acelerado del Ártico, la pérdida de hielo marino y permafrost, y el cambio en las condiciones meteorológicas.

Una Caja de Pandora

Los científicos calculan que los rayos en el Ártico podrían aumentar hasta en un 100%, lo que podría abrir una auténtica Caja de Pandora de problemas relacionados.

Los incendios queman pastos cortos, musgos y arbustos que son componentes importantes de los ecosistemas de la tundra ártica. Estas plantas cubren gran parte del paisaje y una de las cosas que hacen es evitar que las semillas de los árboles echen raíces en el suelo.

Tras los incendios y la desaparición de esta alfombra vegetal, las semillas de los árboles pueden crecer más fácilmente en el suelo desnudo, lo que permite que los bosques se expandan hacia el norte. Bosques de hoja perenne que reemplazarán lo que normalmente es un paisaje cubierto de nieve. El tono blanco de la nieve refleja la luz solar hacia el espacio, pero los bosques más oscuros absorben la energía solar, lo que ayuda a calentar aún más la zona.

La descongelación del permafrost ártico y la liberación del carbono almacenado es un conocido amplificador del calentamiento global. Ahora, una investigación sugiere que un aumento en los rayos del Ártico podría acelerar la desaparición del permafrost.

Al ser eliminadas por los incendios las capas aislantes protectoras de musgo y materia orgánica muerta que mantienen los suelos frescos, el permafrost se derretirá liberando el carbono orgánico que tiene almacenado, convirtiéndose en gases de efecto invernadero, dióxido de carbono y metano que provocarán un calentamiento aún mayor.