¿Está la Cueva de Altamira abierta al público?

La Cueva de Altamira es un tesoro único que, como tal, hay que preservar, por lo que los cientos de turistas que acuden a visitarla cada día lo que ven es una réplica aunque, algunos de ellos, pueden tener la suerte de acceder a la de verdad.

Candela Ayarzagüena

El acceso a la Cueva de Altamira está muy restringido para preservar las pinturas rupestres. Foto: iStock
El acceso a la Cueva de Altamira está muy restringido para preservar las pinturas rupestres. Foto: iStock

Entre las muchas maravillas que podemos admirar sin salir de nuestras fronteras encontramos la Cueva de Altamira, a la que muchos califican como “capilla sixtina” del arte prehistórico y que es, simplemente, espectacular, Patrimonio Mundial de la UNESCO, conocida mundialmente por su amplia colección de pinturas rupestres.

Visita obligada para todo aquel que se acerque a la cornisa cantábrica, es un tesoro del paleolítico que nos ayudó a conocer mucho sobre la vida de nuestros antepasados gracias a los hallazgos de herramientas de piedra rudimentarias, huesos tallados y numerosos utensilios de la vida cotidiana durante la Edad de Piedra.

Además de pinturas rupestres, la Cueva de Altamira guardaba numerosos utensilios de la vida cotidiana en la Edad de Piedra

Sus pinturas y grabados datan principalmente de los periodos Magdaleniense y Solutrense, y algunos del Gravetiense y comienzos del Auriñaciense, lo que significa que fue habitada durante unos 22.000 años durante el Paleolítico Superior, desde hace unos 35.600 hasta hace 13.000 años.

Las dudas científicas sobre la Cueva de Altamira

Descubierta en 1868 por un tejero, Modesto Cubillas, poca importancia se le concedió en un principio, ni siquiera cuando fue visitada por el dueño de los terrenos en los que se encuentra, Marcelino Sanz de Sautuola, aficionado a la paleontología, en 1876.

Fue después de un viaje a la Exposición Universal de París de 1878, donde vio piezas de huesos tallados similares a lo que había visto en la cueva, cuando ésta despertó su curiosidad, y en 1879 comenzó las excavaciones en busca de huesos y pequeñas herramientas de sílex. Y fue una acompañante especial, su hija María de 8 años, la que reparó en los animales que decoraban sus techos.

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Las pinturas rupestres no son los únicos tesoros encontrados en la Cueva de Altamira. Foto: iStock

Sorprendido por las numerosas pinturas que cubrían la bóveda, al año siguiente, Marcelino Sanz de Sautuola publicó un tratado titulado Breves apuntes sobre algunos objetos prehistóricos de la provincia de Santander, en el que defendía el origen prehistórico de las pinturas, tesis que fue apoyada por el catedrático de Paleontología de la Universidad de Madrid, Juan Vilanova, pero rechazada por los científicos más especializados y reconocidos en estudios prehistóricos y paleontológicos en la Europa de entonces, los franceses Cartailhac, Mortillet y Harlé.

El rechazo de estos eruditos, los darwinistas que defendían que el arte exigía cierto nivel de inteligencia ajeno a los moradores de aquella cueva, y la novedad absoluta del conjunto pictórico prehistórico corrieron sobre la Cueva de Altamira un velo de fraude.

Reconocimiento universal de la Cueva de Altamira

Con el devenir de los años y de descubrimientos similares en otros enclaves, en 1902 el mismísimo Émile Cartailhac publicó un artículo titulado La grotte d’Altamira. Mea culpa d’un sceptique’ (La cueva de Altamira. Mea culpa de un escéptico), que significó el reconocimiento universal de las pinturas de Altamira.

La cueva tiene un recorrido casi lineal de 290 metros de longitud, en cuya zona de la entrada se localiza el yacimiento arqueológico y la sala de polícromos, en una gran sala vestibular. A continuación, el desarrollo longitudinal de la cueva deja poco lugar para espacios amplios a excepción de la Gran Sala, la única que presenta magnitudes de cierta relevancia. Finaliza en una estrecha galería que, aunque de difícil acceso, contiene también pinturas y grabados como el resto de la cueva.

Altamira, una cueva “casi” cerrada al público

El deterioro de las pinturas por la visita continuada a la cueva llevó a que, en 2015, el Patronato del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira decidiera establecer un acceso limitado y realizar una réplica de la cueva, utilizando técnicas similares para la recreación de las pinturas, creando la Neocueva del Museo de Altamira, que es la que podemos visitar a escasos metros de la cavidad original.

Pero el régimen de control establecido permite una visita a la semana para cinco personas, de 37 minutos de duración, bajo un estricto protocolo de indumentaria e iluminación, y con un recorrido y tiempos de permanencia definidos para cada zona de la cueva.

Las cinco personas que pueden acceder a la cueva semanalmente son elegidas aleatoriamente entre el público que se encuentra visitando el Museo el día de visita.

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